El Partido Demócrata de Maine tiene un problema. Su candidato al Senado, Graham Platner, fue expulsado de la carrera este mes en medio de acusaciones de violación y otros abusos sexuales graves. Ahora el partido debe reunirse a fin de mes para nominar a alguien que enfrente en noviembre a la senadora republicana titular Susan Collins. Hasta ahí, la crisis es política. Lo que vino después es otra cosa.
En el debate del jueves, la activista trans e intersex Ashley Webb —una de las 12 personas que aspiran a reemplazar a Platner— fue preguntada por un moderador sobre sus credenciales para ocupar el cargo. La respuesta se volvió viral en cuestión de horas.
«Corrí para un cargo varias veces. No gané, pero sí corrí», dijo Webb entre risas. Luego añadió: «Soy compositora, escribo mis propios libros, y supongo que mi transparencia». Cerró el argumento con una declaración de principios que ya circula en redes: «Supongo que lo más importante es que soy solo una ciudadana enojada ahora mismo, y si me eligen, sería una senadora enojada. Y creo que eso probablemente sería su peor pesadilla».
El clip superó las 750,000 visualizaciones en X el viernes. Las reacciones oscilaron entre la incredulidad y la comparación con Napoleon Dynamite, la película de culto de 2004. El comentarista conservador Dave Rubin escribió en X: «Seguramente no hablas en serio».
El resto del campo demócrata incluye perfiles más convencionales: la secretaria de Estado de Maine, Shenna Bellows; el fundador de Maine Beer Company, Dan Kleban; y la «escritora y actriz» Kristina Libby, según la cadena local WMTW.
Platner, el ostricultor que se vendió como el «outsider» que el partido necesitaba, terminó siendo demasiado outsider por razones que nada tienen que ver con la política.
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Que no te lo cuenten. Lo que este episodio revela no es solo el caos de una candidatura fallida: es la fotografía de un partido que, al perder a su apuesta central por escándalo, no encuentra en su banco otra cosa que activismo de identidad y ciudadanos enojados sin historial de victorias. Webb no ganó ninguna de sus carreras anteriores, lo dice con orgullo, y lo presenta como credencial.
Mientras el aparato demócrata intenta contener el daño antes de la convención, la senadora Susan Collins —blanco declarado de esta campaña— observa cómo sus rivales se destruyen solos. A veces la oposición más eficaz es la que el adversario se hace a sí mismo.



