El presidente Trump bajó del Air Force One el viernes con un aspecto distinto. Su melena rubia dio paso a un tono casi castaño. El destino era Trump National Golf Club Bedminster. La foto, tomada de Getty Images, corrió por internet en minutos.
Las redes se incendiaron. Un usuario escribió que si no hubiera sacado las fotos de Getty él mismo, no lo habría creído. El excampeón de Jeopardy Hemant Mehta soltó un juego de palabras sobre burlas y peluquines. Otro usuario lo explicó por el calendario: se acaba el verano, es momento natural de pasar del rubio de botella al castaño.
La escritora Annie Lamott fue más generosa. Dijo que le encantaba el cambio. Lo calificó de juvenil. Lo comparó con Pierce Brosnan.
El sábado, Trump volvió a la cancha de golf. Lo acompañaron el presentador de Fox News Bret Baier y varias personas más. Llevaba un gorro rojo con la leyenda «Trump tenía razón sobre todo». El gorro tapaba el cabello. Nadie pudo confirmar si el tono oscuro del viernes fue apenas un capricho de un día.
No es la primera vez que el peinado insignia genera ruido. En 2019, Trump apareció en un servicio religioso en Virginia con el pelo peinado hacia atrás. El look recordaba, según comentarios de la época, al del gobernador demócrata de California, Gavin Newsom. El experimento no duró. Esa misma tarde volvió a su estilo habitual.
El cabello de Trump acumula años de especulación pública. Antes de llegar a la presidencia, circularon versiones sobre un peluquín o sobre algún procedimiento de reducción de cuero cabelludo. El tema incluso apareció referenciado en los procesos de divorcio de su primera esposa, ya fallecida. En 2016, durante la campaña, Trump se sometió a la prueba definitiva. Dejó que el comediante Jimmy Fallon le despeinara el pelo en su programa. Fue en vivo. El objetivo era simple: demostrar que el cabello era real.
Que una foto de aeropuerto desplace por un día entero la conversación política dice más de los medios que del presidente. La maquinaria del escándalo permanente necesita alimento constante. Cuando falta materia prima real, sirve cualquier cosa: un tono de pelo, un gorro, una comparación con James Bond.
El relato mediático vive de la indignación instantánea. Esta semana le tocó al cabello. La próxima, será otra cosa igual de intrascendente. Mientras tanto, la agenda de fondo sigue su curso, casi siempre ignorada por el mismo público que discute peluquines a las tres de la tarde.



