El peronismo argentino llega a 2026 sin candidato, sin liderazgo y sin acuerdo. Y uno de los suyos lo dice sin rodeos.
Sergio Uñac, ex gobernador de San Juan y senador nacional, ratificó públicamente su intención de competir por la presidencia y reclamó que el liderazgo del espacio se defina mediante elecciones internas abiertas. Su diagnóstico es duro: «La construcción de un liderazgo es solamente con el voto popular. Lo otro es producto de un acuerdo, y los últimos intentos de acuerdos de cúpula no han dado los mejores resultados».
Uñac se presentó como «el único dirigente del peronismo que expresó públicamente su intención de postularse a la presidencia». Señaló que figuras como Axel Kicillof también tienen aspiraciones, pero no las han manifestado con claridad. Mientras tanto, Kicillof avanza en la construcción de su propio espacio y suma gestos hacia sectores no alineados con el kirchnerismo.
El senador propuso dividir el proceso de selección en cuatro regiones del país y realizar votaciones por etapas, con el objetivo de que «el interior también tenga un rol protagónico y no quede relegado ante las decisiones de la Capital y la provincia de Buenos Aires». La propuesta apunta directamente al nudo del problema: el peronismo sigue siendo, en los hechos, un aparato manejado desde Buenos Aires.
El elefante en el cuarto es Cristina Kirchner. Uñac lo reconoció sin eufemismos: «Nadie puede minimizar el peso específico que tiene ella dentro del partido». Pero aclaró que su estrategia no depende de un aval de la ex presidenta. «Si yo me quedo esperando eso, no estaría caminando el interior», dijo.
En materia económica, Uñac advirtió que el próximo gobierno enfrentará tres problemas: crisis económica en familias y empresas, falta de infraestructura y desempleo. Propuso un programa de desendeudamiento social, reactivación de obras públicas y «incentivos para la generación de empleo privado». También rechazó que el peronismo sea sinónimo de desconfianza para los mercados: «Cada vez que gané una elección en San Juan, hubo empresarios que ampliaron sus inversiones».
El relato se cayó solo. El peronismo que se vende como alternativa al modelo Milei no logra ponerse de acuerdo ni en cómo elegir a su propio candidato. La discusión sobre eliminar las PASO profundizó las grietas internas: gobernadores, kirchnerismo duro y peronismo federal tiran en direcciones distintas. Lo que Uñac expone, sin querer, es la crisis de representatividad de un movimiento que lleva décadas prometiendo resolver los mismos tres problemas que él mismo enumera.
Para el lector que cree en la libre empresa y en las instituciones, la escena es reveladora: la oposición principal a Milei es un espacio que no puede decidir quién lo conduce sin que intervenga una ex presidenta con causas judiciales. Eso no es una alternativa de gobierno; es una disputa de poder disfrazada de debate democrático.



