Colombia tiene presidente nuevo, pero el Congreso ya es campo de batalla.
Abelardo De La Espriella asumió con la promesa de mayorías holgadas en el Capitolio. La realidad llegó antes de que terminara la primera semana: el Pacto Histórico y el Centro Democrático se unieron para elegir a Honorio Henríquez, del uribismo, como presidente del Senado, derrotando al abelardismo en su primera prueba de fuego.
Ahora viene la segunda: la elección del contralor general, fijada para el miércoles 12 de agosto. El ministro del Interior, Rodrigo Lara, fue directo. El Gobierno pide a sus partidos —Centro Democrático, Liberal, Conservador y La U— que elijan «un contralor anticorrupción y no procorrupción». Y lanzó la advertencia: si alguna de esas bancadas pacta con el Pacto Histórico, eso sería «injustificable e impresentable».
Desde la izquierda no se esconden. Según Semana, en el Pacto Histórico reconocen que no tienen los números para ganar a voto limpio —cuentan con 63 curules— y que su estrategia es moverse, sumar votos de otras bancadas y sabotear cada elección y cada proyecto que presente el Gobierno. Defienden abiertamente el legado de Gustavo Petro: reforma rural, entrega de tierras, ajustes al sistema pensional, de salud y ambiental.
El petrismo también apuesta por el desgaste. Confían en que la coalición gubernamental se fracture en el primer año y, desde ahí, arañar congresistas del Partido Liberal, la Alianza Verde o La U. No descartan volver a coincidir con parte del Centro Democrático cuando les convenga.
Más allá del Congreso, el propio Petro ya lanzó una señal de alerta mayor. En un discurso citó conversaciones atribuidas a «las oficinas de Marco Rubio» que hablarían de «Abelardo el Breve», insinuando que el presidente no terminaría su mandato de cuatro años porque «la población colombiana lo haría renunciar». Un pronóstico que suena más a programa que a análisis.
En el horizonte legislativo están la ley de presupuesto, el Plan Nacional de Desarrollo y una reforma tributaria con la que el Gobierno De La Espriella busca estabilizar las finanzas del Estado tras las decisiones del gobierno Petro. Esa tributaria ya activa el fantasma del paro de 2021, cuando la izquierda movilizó las calles contra Duque con el argumento de que gravaría la canasta familiar.
La lectura de Contrafuego es simple: Colombia eligió un cambio de rumbo, y el aparato político que gobernó cuatro años con Petro no está dispuesto a aceptarlo. La estrategia no es proponer —es bloquear, desgastar y, si hace falta, volver a la calle. El Gobierno De La Espriella tiene mayorías posibles, pero tendrá que trabajarlas todos los días. El libre mercado, la estabilidad jurídica y la inversión que Colombia necesita no sobreviven en un Congreso paralizado por la obstrucción. Que no te lo cuenten.



