La senadora Paulina Vodanovic salió a la palestra. Lo hizo para defender una postura incómoda: su partido votó en contra de la megarreforma tributaria del propio gobierno al que integra la coalición.
No hubo acuerdo. Eso fue lo primero que aclaró. «En la primera reunión yo señalé que no iba a haber acuerdos, porque aquí el ministro había llegado con los temas fundamentales de la reforma planteando que eran intransables», afirmó la presidenta del PS.
Vodanovic fue directa sobre el fondo. La reforma, según ella, «traía menos recursos para el país». No financiaba la PGU, la gratuidad universitaria, la salud ni la vivienda. Esa fue la justificación institucional para el rechazo.
«Votamos toda la bancada socialista en contra de esta reforma», remarcó.
En la Comisión de Hacienda, el PS también frenó la rebaja del impuesto corporativo. Vodanovic y la senadora Daniela Cicardini rechazaron esa votación. Juntas. Sin fisuras visibles, al menos en lo formal.
Otro frente abierto: la invariabilidad tributaria. El PS anunció que llevará esa figura al Tribunal Constitucional. Vodanovic la considera inconstitucional. Su argumento es que fija condiciones favorables para empresas por periodos de quince, veinte o veinticinco años. Eso, dice, «restringe las facultades del Congreso Nacional».
Dentro del partido hubo ruido. Algunos senadores socialistas participaron en conversaciones con el Ejecutivo. Eso generó cuestionamientos. Vodanovic los rechazó. Pidió que las diferencias se resuelvan «al interior del partido». Y acusó a quienes alteraron «cómo ocurrieron los hechos».
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El episodio revela una fractura entre el relato y la realidad del oficialismo chileno. Un gobierno que impulsa una megarreforma tributaria y no logra convencer a sus propios aliados. Eso no es oposición: es colapso interno del proyecto.
Lo que está en juego es el costo para el sector productivo. La invariabilidad tributaria —el mecanismo que el PS quiere tumbar en el TC— es precisamente la herramienta que da certeza jurídica a la inversión privada. Atacarla no es un tecnicismo. Es una señal al mercado. Y las señales tienen precio. Que no te lo cuenten.



