Antes de comprar la receta de Abdul El-Sayed, conviene mirar el resultado en Canadá. El candidato demócrata al Senado por Michigan declaró, según el New York Post, que «si quieres alcanzar el sueño americano, bueno, deberías mudarte a Canadá». Lo hizo en su podcast en mayo de 2023, casi ocho años dentro del gobierno de Justin Trudeau.
El problema es que Canadá no estaba mostrando un modelo de éxito, sino un laboratorio de decadencia. El periodo de Trudeau coincidió con una década perdida: la economía canadiense se rezagó frente a la de Estados Unidos, mientras políticas migratorias imprudentes incorporaban nuevos llegados más rápido de lo que el país podía absorber. La experimentación posnacional de Trudeau también tensó el sentido compartido de pertenencia que mantenía unido al país.
La agenda económica de ese gobierno combinó redistribución financiada con déficit y capitalismo de Estado. Estableció nuevos beneficios sin financiamiento para cuidado infantil, atención dental y cobertura nacional de medicamentos. Además, Ottawa y sus socios provinciales comprometieron decenas de miles de millones de dólares canadienses solo en subsidios para baterías de vehículos eléctricos.
Los números fueron malos. Según datos del Banco Mundial, el PIB real por persona subió alrededor de 3.4% en Canadá entre 2015 y 2024, frente a 17.6% en Estados Unidos. Para 2024, la producción real per cápita canadiense seguía apenas por debajo del nivel de 2019. Las últimas cifras citadas ponen el PIB per cápita de Canadá en unos 66,700 dólares, frente a 90,000 dólares en Estados Unidos, ajustado por paridad de poder adquisitivo; una brecha de cerca de 26%.
La inmigración expuso el límite práctico de esa visión. Entre julio de 2019 y julio de 2024, Canadá sumó 3.6 millones de personas. La población de residentes temporales pasó de 1.36 millones en julio de 2021 a 3.15 millones en octubre de 2024, duplicando su participación de 3.6% a 7.6%. La presión sobre la vivienda fue tan severa que el gobierno de Trudeau terminó recortando sus metas migratorias.
El costo político llegó después. Para 2024, 58% de los canadienses decía que la inmigración era excesiva, la primera mayoría en un cuarto de siglo. El propio texto remarca que Trudeau desperdició un consenso amplio a favor de una inmigración ordenada y meritocrática, construido durante décadas por gobiernos anteriores.
El-Sayed, por su parte, respalda Medicare for All, un impuesto a la riqueza y, según la campaña, ha favorecido abolir ICE desde 2018. Es decir, ve como ejemplo lo que en Canadá terminó en más gasto, más tensión social y menos prosperidad.
La lección es clara: cuando el Estado se expande sin límites, alguien paga la factura. En este caso, la pagan los contribuyentes, los mercados y la cohesión nacional. Que no te lo cuenten.



