El Senado argentino retoma hoy una sesión que quedó en cuarto intermedio en julio. El pleno intentará aprobar la ley de propiedad privada desde las 14 horas. Lo hace sin el capítulo sobre venta de tierra a extranjeros. Ese bloque cayó por completo. Fue otro golpe para el oficialismo libertario.
Con Javier Milei fuera del país, Victoria Villarruel queda a cargo del Ejecutivo. La sesión la conduce el titular provisional de la Cámara alta, Bartolomé Abdala. Y ya hay polémica antes de empezar: Villarruel avaló la participación virtual de dos legisladores. Solo el pleno puede convalidar eso. El oficialismo que lidera Patricia Bullrich hierve. Algunas bancadas dialoguistas también rechazan la jugada, aunque en voz baja.
Lo que queda en pie
El capítulo de expropiaciones define que la declaración de utilidad pública «será de interpretación restrictiva» y deberá identificar «en forma específica y concreta el fin perseguido». La expropiación deberá ser «idónea, necesaria y proporcional». No es retórica menor. Es un límite explícito al apetito del aparato estatal sobre la propiedad privada.
La indemnización tomará «el valor de mercado siempre que sea determinado o determinable». No se computarán «valores afectivos, ganancias hipotéticas» ni el mayor valor que genere el propio proyecto expropiador. El lucro cesante entra solo si está «debidamente acreditado mediante prueba objetiva, concreta y suficiente». Y hay techo: en ningún caso podrá exceder el equivalente del 30% del valor del daño emergente, salvo prueba fehaciente de afectación superior.
En desalojos, el texto fija que el locador debe intimar al inquilino con al menos diez días corridos de plazo antes de iniciar acción judicial. La notificación vale incluso si el locatario se niega a recibirla. El proceso debe sustanciarse «por el procedimiento más breve que prevea la ley».
Sobre manejo del fuego, la propuesta elimina las restricciones de 30 y 60 años que impuso la ley de Máximo Kirchner para zonas incendiadas. Reemplaza esa camisa de fuerza por la prohibición de modificar el uso que el predio tenía antes del incendio, sin plazos confiscatorios.
La lectura de Contrafuego
Que el capítulo de tierras a extranjeros haya caído es una derrota política real. Que el resto avance es una señal de que el proyecto de fondo —limitar la arbitrariedad del Estado sobre la propiedad— sigue en pie. La burocracia kirchnerista dejó décadas de expropiaciones discrecionales, desalojos eternos y castigos a propietarios rurales por incendios que no causaron. Esta ley no es perfecta. Pero va en la dirección correcta.
El verdadero test no es hoy en el recinto. Es si el texto que salga resiste la presión de la casta que vive de la ambigüedad jurídica. Que no te lo cuenten.



