El Senado de Colombia aprobó el traslado extraordinario del Congreso al departamento del Cauca. Lo hizo con 55 votos a favor y 32 en contra. El objetivo: que el presidente electo Abelardo de la Espriella jure el cargo el 7 de agosto de 2026 fuera de Bogotá.
Pero la decisión no está tomada. La Constitución exige el Legislativo pleno. Eso significa que la Cámara de Representantes también debe autorizar el cambio de sede. Sin ese respaldo, el trámite se anula y hay que empezar desde cero.
La llave la tiene el ministro del Interior designado, Rodrigo Lara. Su tarea es sumar los apoyos necesarios en la Cámara. El proceso no tiene plazos fijos. No sigue el curso de un proyecto de ley. Hasta ahora, la Cámara no ha convocado sesión para debatirlo. En el Capitolio se espera que la discusión ocurra en la última semana de julio.
Hay otro frente abierto: el lugar exacto de la ceremonia. De la Espriella quiere posesionarse en una guarnición militar. Lo plantea como reconocimiento a la fuerza pública. La senadora Jennifer Pedraza, del partido Dignidad y Compromiso, presentó una propuesta alternativa. Acepta el traslado al Cauca, pero exige que la sesión sea en un espacio civil. El texto aprobado en el Senado no especifica el sitio. La propuesta radicada en la Cámara sí contempla la posibilidad de una sede militar. Si ambas cámaras aprueban textos distintos, el Congreso deberá unificarlos antes del 7 de agosto.
A eso se suma un requisito operativo. No basta con mover la ceremonia. Se necesita quórum deliberativo y decisorio de ambas corporaciones en el lugar de la sesión. Eso implica la presencia de al menos la mitad más uno de los miembros de cada cámara. Solo así el presidente del Congreso, Honorio Henríquez, puede tomar el juramento constitucional.
Mientras se resuelve el nudo, Caracol Radio reveló un encuentro entre el gobierno entrante y el saliente. Participaron Andrés Barreto, designado como secretario jurídico de De la Espriella, y funcionarios de la Cancillería y la Oficina de Comunicaciones de la Presidencia actual.
Que no te lo cuenten: lo que está en juego no es solo logística. Es el símbolo. Una posesión en territorio azotado por la violencia, frente a la fuerza pública, manda un mensaje que el petrismo nunca se atrevió a enviar. El aparato político que durante cuatro años celebró la «paz total» mientras el Cauca ardía ahora vota en contra de que el nuevo presidente jure precisamente allí. La doble vara habla sola.



