El Senado de Chile aprobó de madrugada la megarreforma tributaria impulsada por el presidente José Antonio Kast. La sesión arrancó el miércoles a las 15:00 horas. Terminó el jueves a las 2:40. El resultado fue estrecho: 26 votos a favor, 24 en contra.
El proyecto incluye tres ejes centrales. Primero, la rebaja gradual del impuesto de primera categoría. Segundo, la invariabilidad tributaria. Tercero, la exención de contribuciones. Ahora pasa a tercer trámite en la Cámara Baja.
El senador Arturo Squella, presidente del Partido Republicano, celebró el resultado. «Para muchas personas va a significar el tener esperanza de que va a volver Chile a crecer y con eso se van a generar miles de empleos», afirmó. El senador Rodolfo Carter fue en la misma línea: «Perdimos muchos años siguiendo fórmulas fracasadas, creciendo a cifras que nos han atrasado y alejado del sueño de ser la primera nación desarrollada de América Latina».
Desde la oposición, las reacciones no se hicieron esperar. La senadora Fabiola Campillai sostuvo que el gobierno «le ha hecho daño a Chile» y que la reforma «asegura los bolsillos a las grandes fortunas durante los próximos 25 años». La presidenta del Frente Amplio, Constanza Martínez, anunció que la oposición llevará el proyecto al Tribunal Constitucional. «Vamos a seguir peleando para que estos retrocesos no sigan afectando a las familias chilenas», declaró.
El senador Daniel Núñez (PC) apuntó contra la reintegración tributaria. Según Núñez, esa medida «regala US$965 millones a 75 mil personas con ingresos promedio de $21 millones mensuales». El senador Vlado Mirosevic, del Partido Liberal, señaló que «nunca antes una ley de esta envergadura había sido votada sin acuerdos» y responsabilizó al ministro Jorge Quiroz.
La estrategia opositora ante el TC sigue afinándose. El foco, según Núñez, estará en el punto de reintegración gradual del sistema tributario.
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Que no te lo cuenten. Lo que la izquierda llama «privilegio para los súper ricos» es, en términos concretos, reducir la carga fiscal sobre la inversión productiva. Eso genera empleo. Eso atrae capital. Eso es lo que Chile lleva años sin hacer.
La oposición tiene todo el derecho de ir al TC. Ese es el juego democrático. Pero el relato de que bajar impuestos equivale a «vender el país» ya fracasó en todas partes donde se intentó sostenerlo. El aparato estatal creció. La economía no. Ahora Chile tiene una oportunidad real de cambiar esa ecuación. La burocracia y sus defensores harán lo posible por detenerla.



