El oficialismo volvió a fallar el jueves pasado en el Senado. La sesión convocada para avanzar con la ley de propiedad privada —iniciativa que empuja la Casa Rosada— terminó en cuarto intermedio. No fue un accidente: fue el último episodio de una cadena de tropiezos que ya agotó la paciencia de la oposición dialoguista, sin cuyo apoyo el Gobierno no tiene los votos.
«No se trabaja así», sentenció a Infobae un referente de la Cámara alta. La frase resume el estado de ánimo: antes era desazón, ahora es bronca. Desde otro despacho, un aliado fue más preciso: «Llegamos a casi 15 o 16 borradores, si no me equivoco, para un dictamen firmado en mayo pasado. Había ausentes que avisaron con tiempo que no venían y los votos estaban muy ajustados. Lo sabían todos. Nosotros, ustedes y, sobre todo, la propia Bullrich. Casi nos hace pasar vergüenza y no somos sus empleados».
Patricia Bullrich, identificada como jefa oficialista en el Senado y una de las principales figuras de la gestión mileísta, ignoró las sugerencias de varios dialoguistas que le pedían devolver la iniciativa al plenario de comisiones para reescribirla desde cero. El resultado fue peor que el fracaso técnico: un cortocircuito abierto con la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien —según la fuente— taladró teléfonos con mensajes para que nadie se prestara a la «venta» del país, en referencia al capítulo sobre tierras a extranjeros. La pelea terminó con chats personales filtrados. En el Senado, la mayoría de los consultados apuntó, sin dudar, a la misma fuente. «Muy asqueroso lo que hizo. Después hablan de instituciones y república», aseguró un radical.
La próxima sesión quedó fijada para el 6 de agosto. Según los más experimentados, el regreso de tres aliados ausentes saldaría el embrollo de la ley de propiedad privada. En esa misma fecha quedaría sancionada la iniciativa «Hojarasca», que elimina normas vetustas. Y la propuesta de cárcel por «falsas denuncias», que impulsa la senadora radical Carolina Losada, podría dinamitar el recinto por la polémica que genera.
Mientras tanto, cerca de diez proyectos que desea Balcarce 50 siguen en cómoda siesta. La fuente indica además que falta que aterrice el Presupuesto 2027, a mitad de septiembre, en Diputados —justo cuando las pre-campañas electorales provinciales empezarán a consumir el oxígeno político disponible—. El viernes, en plena parálisis legislativa, se aumentó el valor del módulo para empleados del Senado y, con ello, la dieta de los senadores. Impecable timing.
Que no te lo cuenten: el oficialismo tenía su mejor ventana legislativa en el primer semestre y la desperdició en internas de farándula y borradores interminables. La ley de propiedad privada —un principio básico de cualquier economía que funciona— lleva meses rehén de la desorganización propia y de peleas que nadie pidió. Los aliados dialoguistas no son empleados del Gobierno, como ellos mismos advierten. Si el oficialismo no aprende a construir mayorías con seriedad, el segundo semestre llegará con pre-campaña encima y la agenda reformista enterrada. El ajuste fiscal puede ir bien; la agenda legislativa, por ahora, va mal.



