El Senado rechazó este jueves un minuto de silencio por Maricarmen, la anciana fallecida tras ser desahuciada el 23 de septiembre, durante la Diputación Permanente. El PSOE había pedido el gesto al inicio de la sesión, y el presidente de la Cámara Alta, Pedro Rollán, lo denegó por no existir precedentes.
Rollán explicó que ya lo había consultado con la letrada mayor del Senado, quien cree que no tiene «encaje». Aun así, añadió que «en cualquier caso» la Cámara podía solidarizarse y guardar «el máximo respeto» hacia ella. También recordó a Olga Matute, la mujer que se suicidó recientemente ante un desahucio, y a todas las personas que sufren «el impacto» del precio de la vivienda en sus vidas.
El portavoz socialista, Juan Espadas, pidió al Senado que se uniera al «pésame colectivo de la sociedad» y lamentó el «fatal desenlace» de Maricarmen Abascal, cuyo desahucio dio origen a la actual movilización por la vivienda y al adelanto electoral. Además, reclamó a Rollán «no permanecer de espaldas a la opinión pública y publicada» y «compartir el dolor con familiares y seres queridos».
Después intervino la portavoz del PP, Alicia García, para decir que su grupo también se suma al «pésame colectivo». La fórmula, sin embargo, no sustituyó la negativa al minuto de silencio que había pedido el PSOE.
Los 37 senadores de la Diputación Permanente eligieron luego a tres de los cinco cargos de la Mesa que estaban vacantes. Javier Maroto, del PP, fue elegido vicepresidente primero, mientras que Concha Andreu y Consol Cantenys, del PSOE, quedaron como vicepresidenta segunda y secretaria segunda, respectivamente. Rollán siguió como presidente y Eva Ortiz como secretaria primera.
La escena vuelve a dejar al descubierto una doble vara institucional cada vez más visible: el aparato político sí encuentra espacio para la condolencia, pero se atasca cuando toca asumir un gesto claro y visible. En un país donde la vivienda se ha convertido en una herida social, el problema no es solo el trámite parlamentario. Es la distancia entre la burocracia y el dolor real de los contribuyentes.
Que no te lo cuenten. El Estado siempre encuentra una fórmula para no incomodarse demasiado. Pero cuando el drama nace de un desahucio y termina en muerte, la neutralidad de salón suena a excusa. Otra vez la doble vara.


