El Senado de Estados Unidos bloqueó esta semana un intento del líder demócrata Chuck Schumer de prohibir el uso de fondos públicos para modernizar el nuevo Air Force One. El avión es un Boeing 747-8 regalado por Qatar al presidente Donald Trump. Su valor base es de 400 millones de dólares. La administración estima que la remodelación puede costar hasta 1.000 millones adicionales.
Schumer llevó al piso del Senado su proyecto de ley «Presidential Airlift Security Act». La propuesta era directa: ningún fondo del Departamento de Guerra podría destinarse a comprar, modificar o mantener una aeronave que haya pertenecido a un gobierno extranjero. Los republicanos lo frenaron en seco.
«El avión de lujo puede haber llegado con moño para Donald Trump, pero llegó con una factura enorme para el pueblo americano», dijo Schumer desde el Senado. «Trump les pide a los contribuyentes hasta 1.000 millones para acondicionar su palacio volador.» Eso, según el senador demócrata, se suma a lo que ya se pagó por la flota existente.
El avión fue presentado el mes pasado como la más reciente incorporación a la flota presidencial. Pero su estreno tuvo un tropiezo. Tras presión del Servicio Secreto, Trump regresó desde Turquía en una aeronave distinta. La razón: el nuevo avión aún no cuenta con los estándares de seguridad del Air Force One original. Eso no es un detalle menor. Es el argumento central de quienes cuestionan el proyecto.
Los demócratas llevan un año advirtiendo sobre dos problemas: el costo del retrofit y los riesgos de seguridad de operar un avión de origen extranjero como transporte presidencial. Los republicanos, por su parte, consideraron que la maniobra de Schumer era un ataque político, no una preocupación genuina por el erario.
Contrafuego no defiende el gasto público sin control. Eso incluye al gasto que favorece a gobiernos afines. Un regalo de Qatar que termina costando 1.000 millones al contribuyente estadounidense no es una ganga: es burocracia con alas doradas. La pregunta que nadie en Washington quiere responder es simple. ¿Por qué el ciudadano que no puede pagar la gasolina debe financiar la modernización de un avión regalado por un emirato del Golfo?
El principio es el mismo siempre: el dinero de los contribuyentes no es un cheque en blanco. Ni para la izquierda, ni para nadie. Que no te lo cuenten.



