El Senado bloqueó este jueves otra resolución de poderes de guerra impulsada por la senadora demócrata Kirsten Gillibrand de Nueva York, que buscaba ordenar la retirada inmediata de las fuerzas militares estadounidenses de Irán. Es el decimosegundo intento fallido —o más— desde que el conflicto comenzó hace ya cinco meses.
Los demócratas no han logrado convencer a suficientes republicanos para romper con el presidente Donald Trump. El resultado de la votación más reciente siguió líneas similares a la de la semana anterior: solo un pequeño grupo de senadores del GOP cruzó el pasillo.
Uno de esos casos es el del senador Bill Cassidy de Luisiana, que inicialmente se unió a los demócratas, luego tuvo un enfrentamiento verbal con Trump y exigió un informe clasificado sobre la situación. Tras recibirlo, revirtió su voto. El propio Cassidy reconoció que usó su posición como «palanca para obtener información». Sin embargo, aclaró que no apoya plenamente lo que ocurre: «Es una gradación, una opacidad, una vaguedad, pero estamos tratando de encontrar el camino», dijo. Y añadió una línea que debería resonar en el Capitolio: «Si hay tropas en tierra, por definición, el Congreso necesita emitir una declaración de guerra. Punto».
El senador Thom Tillis de Carolina del Norte, también cauteloso respecto al conflicto pero sin votar aún con los demócratas, calificó de «preocupante» la caída en el inventario de municiones del país, aunque sugirió que un informe a puerta cerrada podría calmar los ánimos.
Mientras tanto, el Pentágono ha solicitado al Congreso 80.000 millones de dólares adicionales para hacer frente a un posible conflicto con Irán. El senador Jim Banks de Indiana, miembro del Comité de Fuerzas Armadas del Senado, respalda esa solicitud de financiamiento.
El conflicto llega a su quinto mes con reportes de municiones en descenso, precios del combustible al alza y cuestionamientos sobre la claridad de los objetivos militares.
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Que no te lo cuenten. Lo que está en juego aquí no es solo una guerra: es la pregunta constitucional que Cassidy tuvo el valor de pronunciar en voz alta. Si hay tropas desplegadas en suelo iraní, el Congreso tiene la obligación de votar una declaración de guerra formal. No es opinión: es la Constitución.
El relato de que «los republicanos están unidos» se sostiene por ahora, pero con fisuras visibles. Cada resolución fallida es también un Congreso que evita asumir responsabilidad. El costo —en municiones, en dólares del contribuyente, en vidas— sigue acumulándose. Y la cuenta llega siempre.



