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El socialismo choca con Michigan: obreros le dicen no a El-Sayed y a sus promesas de «todo gratis»

Un plomero, un empleado federal y un ciudadano de Ann Arbor coinciden: el ala marxista del Partido Demócrata no le habla a la clase trabajadora real.
Imagen ilustrativa
domingo 19 de julio de 2026

El socialismo viaja en avión privado de mitin en mitin. Pero cuando aterriza en Michigan, la clase obrera lo mira raro.

Eso es lo que encontró el periodista David Marcus el sábado en Detroit. Fue a un acto de campaña del candidato al Senado Abdul El-Sayed. Lo respaldaban Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders. La fila era de unas cien personas. Marcus lo describe sin piedad: «Más blanco que un anuncio de pasta dental».

El dato importa. La insurgencia socialista dentro del Partido Demócrata la empujan votantes blancos con estudios universitarios. No la clase trabajadora negra ni los obreros sindicalizados que supuestamente defienden.

Afuera del teatro, Marcus habló con Chris. Vendía mercancía socialista. Venía de Texas, donde había apoyado al candidato al Senado James Talarico. Marcus le preguntó si los votantes texanos rechazaban el mensaje. «No se supone que dé entrevistas, pero sí, es diferente según a dónde vamos», respondió Chris.

Adentro, el vocero de otro candidato progresista local no podía dejar de hablar de AIPAC. Presumía que su candidato no recibía dinero del grupo pro-Israel. Cuando Marcus le preguntó si eso podía costarle votos entre demócratas moderados, el hombre se quedó en silencio. Nunca respondió.

Tim, de Ann Arbor, no era fan de los socialistas. Fue por transparencia, dijo. Le preocupaban los centros de datos. ¿Le convencían los argumentos de AOC y Sanders? «No mucho», contestó.

La noche terminó en el Anchor Bar. Ahí estaba Glen. Cincuentón. Empleado federal en Detroit. Nada entusiasmado con el socialismo. «De ninguna manera El-Sayed puede ganar», dijo. «Estos socialistas suenan locos. Todo gratis, todo gratis, eso no va a funcionar aquí». Sobre la candidata rival Haley Stevens, fue escueto: «Parece bien».

Según Marcus, el propio equipo de El-Sayed empieza a notar la advertencia.

Contrafuego lo lee así: el relato de la «revolución obrera» socialista se cae solo cuando uno camina por Detroit. La base real de esta izquierda no son los trabajadores con casco. Son universitarios con deudas estudiantiles y agendas identitarias. Dos perfiles muy distintos. Dos proyectos de país incompatibles.

El libre mercado no necesita convencer a Glen. Glen ya lo entendió solo.

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