El T-MEC sigue en pie. Y tiene un escudo inesperado: el propio Congreso de Estados Unidos.
Especialistas del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce) advirtieron esta semana que las propuestas de la Casa Blanca para modificar reglas de origen y otros capítulos del tratado no podrían implicar «cambios sustantivos». La razón es simple: cualquier modificación profunda requiere autorización del Congreso. Y los legisladores demócratas no están dispuestos a dársela a Trump.
Kenneth Smith Ramos, presidente del Comité Técnico Bilateral México-Estados Unidos del Comce, fue directo. Recomendó «no apresurarnos en la negociación, no dar concesiones antes de tener una garantía de que Estados Unidos va, de verdad, a mostrar disposición para eliminar o reducir los aranceles». Acero, aluminio, automóviles: todo está sobre la mesa. Nada está resuelto.
Smith Ramos también leyó el juego de Washington con claridad. La estrategia es agresiva. Son amenazas. Pero Estados Unidos sigue sentado en la mesa. «Las probabilidades de que EU se salga del Tratado son prácticamente nulas», afirmó. La Representación Comercial tiene la orden de mantener la línea dura. Sin embargo, nadie ha dicho que saldrán del acuerdo.
El dato clave: el T-MEC estará vigente al menos hasta el 2036. Eso es certeza. Antonio Ortiz Mena, presidente del Comité Técnico de Estrategia del T-MEC, subrayó que no debería haber aranceles para ningún producto exportado entre los países de América del Norte. Pero reconoció la realidad: tener el tratado trilateral por diez años más es, hoy, una buena noticia.
Sergio Contreras Pérez, presidente del Comce, lo resumió sin rodeos. La lectura más importante de esta revisión es que el tratado sigue vigente hasta el 2036. Punto.
Armando Ortega, del Comité Bilateral México-Canadá, señaló la vulnerabilidad compartida: ambos países dependen en exceso del mercado estadounidense. También apuntó un dato revelador. Solo alrededor del 4% de la economía de Estados Unidos está vinculada a la manufactura e industria. El resto es servicios. El discurso reindustrializador de Trump choca con esa realidad de forma forzada.
Que no te lo cuenten. El aparato burocrático de Washington agita aranceles y amenazas. Pero el libre comercio en América del Norte tiene más anclajes institucionales de los que el relato oficial admite. México tiene margen. La pregunta es si el gobierno de Claudia Sheinbaum sabrá usarlo sin regalar concesiones a cambio de nada. La historia reciente del oficialismo mexicano no invita al optimismo.



