El Dr. Ashish Jha fue el rostro institucional de la respuesta al COVID en la Casa Blanca de Biden. Durante años, la narrativa oficial apuntó al origen natural. Ahora Jha dice lo contrario.
«Cuando entré a la Casa Blanca, mi visión era que esto casi con certeza fue un brote natural, tal vez una fuga de laboratorio», declaró recientemente. «Basado en información que he conocido y visto, he llegado a concluir que es más probable que haya sido una fuga de laboratorio».
No afirmó tener prueba definitiva. Fue explícito en eso. Señaló que nadie en Estados Unidos puede saberlo con certeza. Los únicos que lo saben son los funcionarios en China. Y China no ha sido transparente.
El giro de Jha no llega solo. Llega junto a otro dato incómodo para el establishment sanitario: el diario personal de Anthony Fauci. El senador Rand Paul (R-KY) publicó esas anotaciones privadas. Una entrada del 26 de enero de 2020 muestra que Fauci registró que el virus casi con certeza no vino de un mercado de animales. Eso es semanas después del inicio de la pandemia. En privado, Fauci trataba la conexión con un laboratorio como la explicación más plausible. En público insistía en el origen natural.
Dos varas. Una para el discurso oficial. Otra para los apuntes que nadie debía ver.
Jha repitió la misma palabra dos veces en sus declaraciones: transparencia. Y accountability. Cinco años después, eso sigue sin existir. Las respuestas definitivas dependen de acceso a datos de los laboratorios y sitios del brote en Wuhan. Ese acceso no ha llegado.
Lo que sí llegó es la confirmación de algo que millones de personas intuían y fueron descalificadas por decirlo. La teoría de la fuga del laboratorio fue tratada como desinformación. Plataformas la censuraron. Periodistas la ridiculizaron. Funcionarios la descartaron. Hoy, el propio coordinador COVID de Biden la considera la explicación más probable.
Eso no es un detalle menor. Es el colapso de cinco años de relato oficial.
En Contrafuego lo decimos claro: el problema no es solo el origen del virus. El problema es la arquitectura de silencio que se construyó alrededor. Funcionarios que sabían, o dudaban, y eligieron el mensaje conveniente sobre la verdad incómoda. El costo de esa decisión lo pagó la gente con libertades recortadas, negocios cerrados y vacunas obligatorias. Nadie ha rendido cuentas. Jha pide transparencia. Bien. Que empiece por explicar por qué tardó cinco años en decirlo.



