El 22 de julio, la plenaria del Senado colombiano aprobó trasladar su sede al departamento del Cauca para la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella. El resultado: 55 votos a favor y 32 en contra. La decisión final recae ahora en la Cámara de Representantes, que deberá pronunciarse el 27 de julio.
Entre los votos que levantaron cejas estuvo el del senador Luis Carlos Rúa, conocido en redes como Elefante Blanco. Rúa había construido su marca política sobre la denuncia del despilfarro estatal, por lo que varios colegas le recordaron esa promesa apenas conocido su voto.
Rúa salió a responder en video, disfrazado con su personaje habitual. Su argumento central: el Cauca no tiene ambulancias suficientes, un juez negó la dotación de centros de salud y hay, según su propia investigación, «58 obras inconclusas que aumentan cada año» con un saldo pendiente de «77.000 millones de pesos» para terminarlas. Eso, dijo, lo hizo pensar que la región necesita que el país vuelva a poner los ojos ahí.
El costo adicional del traslado del Congreso al Cauca, según cifras que maneja el senador, sería de «5.305 millones de pesos». Rúa condicionó su apoyo a que ese gasto se justifique con un compromiso real del gobierno entrante con el territorio: «Que la institucionalidad se quede en un lugar donde por décadas han incumplido sus promesas».
Sobre el punto más polémico del debate —posesionarse en una guarnición militar—, Rúa fue explícito: «No apoyaré a que la posesión se haga en guarnición militar». Y remató con una advertencia directa a De la Espriella: al dinero adicional que se gaste «le haré control político».
Durante el debate en el Senado, los argumentos se dividieron en dos bloques. Quienes votaron a favor sostuvieron que posesionarse en instalaciones militares sería un homenaje a las Fuerzas Armadas. Los que votaron en contra advirtieron que el gesto podría leerse como subordinación del poder civil al militar.
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Que no te lo cuenten. Rúa no le entregó un cheque en blanco al gobierno de De la Espriella: puso precio y fecha de cobro. El Cauca lleva décadas siendo moneda de cambio electoral —promesas, actos simbólicos, fotos— mientras los 58 elefantes blancos siguen ahí, sin terminar y sin presupuesto. Si el presidente electo acepta el desafío, que sepa que hay un senador tomando nota. Y si el dinero se evapora en protocolo sin resultados concretos para la región, la doble vara quedará documentada. El libre mercado de la credibilidad política es implacable: aquí el activo es la coherencia, y Rúa acaba de apostar el suyo.



