El video de cámara corporal ya es viral. Jarrett Vick, estudiante de 27 años de la Universidad de Central Florida, fue rociado con gas pimienta, tasereado y arrestado el 5 de febrero de 2025 tras una confrontación con agentes de la policía del campus. Las imágenes, publicadas el viernes pasado, muestran la secuencia completa.
Todo comenzó cuando los oficiales respondieron a un reporte de disturbios: según un portavoz del Departamento de Policía de UCF, citado por Storyful, Vick estaba involucrado en una altercación verbal con varios menores y se tornó combativo cuando llegaron los agentes.
El oficial se acercó y preguntó: «What's the problem?». Vick respondió a gritos reclamando por qué se permitía la presencia de esos menores en el lugar. El policía advirtió que si no se calmaba sería esposado y trasladado a una instalación de salud mental bajo la Ley Baker. La respuesta de Vick fue: «Fucking try it».
Cuando el oficial pidió refuerzos por radio y dijo «He is having a breakdown», Vick estalló: «She! She! Just say the right pronoun!». El intercambio continuó incluso mientras los agentes intentaban esposarlo. Al avisar que iba a usar el spray, el oficial dijo «I'm gonna spray him»; Vick respondió: «Don't say him!». El oficial corrigió: «OK, her. I'm going to spray her». Vick, según el video, respondió: «Thank you», mientras presuntamente seguía resistiendo.
En medio del forcejeo, Vick le gritó a un administrador universitario presente: «Can you please just tell them to use the right pronouns? Please, you know it's causing me a...». La escena terminó con Vick en el suelo, tras el uso del taser.
Vick, identificado como varón en los documentos de arresto según el New York Post, fue imputado por agresión a agente de la ley, resistencia al arresto y conducta desordenada. Según Breitbart News, se declaró no culpable y su última comparecencia judicial fue en enero. Vick declaró al Post que la policía lo acosaba y responsabilizó a los agentes por la atención que el video le generó en redes.
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El relato se cayó solo, y el video lo hizo caer. No hay interpretación que transforme una resistencia violenta a un arresto en una cuestión de identidad. Los oficiales respondieron a un llamado de disturbios, encontraron a alguien combativo y aplicaron el protocolo. Que la conversación derivara en una batalla de pronombres en medio del forcejeo no es una metáfora: es literalmente lo que muestra el bodycam.
Lo que queda en evidencia no es la «intolerancia» de la policía, sino el costo real del adoctrinamiento que convence a individuos de que sus preferencias lingüísticas son una emergencia que justifica resistir un arresto. El libre ejercicio de la autoridad del Estado para mantener el orden no puede estar subordinado a una gramática impuesta. Que no te lo cuenten.



