Que no te lo cuenten.
Brittany Boltinhouse, de 27 años, habló por primera vez desde que le retiraron el título de Miss Carolina del Norte USA. En entrevista con el Carolina Journal publicada el viernes, fue directa: «Creo y pienso que me quitaron el título por mi postura política y mi sistema de creencias como mujer cristiana conservadora».
Boltinhouse es miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se define como una «mujer temerosa de Dios» y no se disculpa por ello. «Soy una nación bajo Dios, y eso es lo que soy», declaró. Considera que su caso puede abrir camino a otras mujeres conservadoras en los certámenes de belleza, y afirmó estar «en paz» con lo sucedido, añadiendo que perdona a quienes, según ella, la perjudicaron.
La organización que gestiona el concurso, A-Blaize Productions, la destituyó formalmente el miércoles tras realizar, según sus propias palabras, una «revisión exhaustiva de información recientemente revelada». La corona pasó a la subcampeona Myla Hadley.
Aquí el relato se complica. Según el medio NC Beat, la controversia surgió por publicaciones en redes sociales bajo el alias 'Sosa the Stallion' —atribuidas a Boltinhouse— en las que supuestamente usó la palabra N en múltiples ocasiones y se describió a sí misma como «tóxica». Las publicaciones datan de entre 2017 y 2019. Boltinhouse no abordó directamente el contenido de esos posts en la entrevista.
Su familia también salió a la palestra. Un familiar declaró al Daily Mail que la organización estaría «salvando las apariencias» y que buscan «colocar la verdad de ella frente a una narrativa que protege a la organización». El Post contactó a Miss Carolina del Norte USA y a A-Blaize Productions sin obtener respuesta al cierre.
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El caso Boltinhouse enciende una pregunta legítima: ¿los certámenes de belleza aplican la misma vara a todas las participantes, independientemente de sus creencias? La doble vara en el mundo del espectáculo y los concursos no es una teoría conspirativa — es un patrón documentado que merece escrutinio.
Pero la honestidad intelectual obliga a señalar lo siguiente: si los posts atribuidos a ella son auténticos, la organización tenía motivos concretos para actuar, más allá de cualquier sesgo ideológico. Mezclar una posible discriminación por fe con la existencia de publicaciones objetivamente problemáticas no fortalece el argumento — lo debilita. El principio de libre empresa incluye el derecho de una organización privada a proteger su marca. Lo que queda pendiente es saber si esa misma vara se aplica con igual rigor a candidatas de otras convicciones. Esa pregunta, Boltinhouse tiene todo el derecho de hacerla. Y nosotros, de exigir una respuesta.


