Un exmiembro de las Fuerzas de Operaciones Especiales de la Marina de Estados Unidos fue declarado culpable de planear un ataque con explosivos contra agentes de la ley durante las manifestaciones «No Kings» en California, según informó la Fiscalía Federal del Distrito de Nuevo México.
Gregory Vandenberg, de 49 años, enfrentó un juicio federal de cinco días. El jurado deliberó apenas tres horas antes de emitir el veredicto de culpabilidad por transporte de explosivos con intención de matar, herir o intimidar, y por intento de introducción de fuegos artificiales prohibidos en California.
El plan lo delató él mismo.
Los fiscales señalan que Vandenberg viajaba desde El Paso, Texas, hacia San Diego cuando se detuvo en un centro de viajeros cerca de Lordsburg, Nuevo México. Allí compró seis morteros pirotécnicos y 72 petardos M-150. Durante la compra, le dijo al empleado de la tienda que pensaba lanzar los explosivos contra agentes de la ley en las protestas del 14 de junio de 2025.
Según el testimonio en el juicio, Vandenberg preguntó repetidamente cuánta pólvora contenían los fuegos artificiales, si pegar varios morteros juntos aumentaría su fuerza explosiva, y aclaró que le interesaban únicamente por su capacidad de herir a oficiales. Incluso animó al empleado a asistir a las protestas y repartir fuegos artificiales entre los manifestantes, diciéndole que él no correría peligro gracias a su experiencia militar.
La conversación alarmó al personal de la tienda. Los empleados anotaron la placa del vehículo de Vandenberg y contactaron a las autoridades antes de que el sujeto cruzara a California.
Agentes federales lo rastrearon hasta la Base Aérea Davis-Monthan en Tucson, Arizona, donde fue arrestado a la mañana siguiente mientras dormía dentro de su vehículo. Los fiscales indican que afirmó falsamente estar viajando por trabajo, a pesar de estar desempleado, y luego dijo a los investigadores que visitaba amigos en Phoenix. El registro del vehículo reveló los fuegos artificiales y ropa con imágenes antisemitas, antiisraelíes y de contenido extremista, según las autoridades.
Que no te lo cuenten.
Este caso expone algo que el relato dominante prefiere ignorar: la violencia política no tiene un solo color ideológico. Un veterano de élite, con entrenamiento letal, se dirigía a una protesta no para ejercer su derecho a manifestarse, sino para usar explosivos contra policías. Lo que lo detuvo no fue un algoritmo ni una agencia de inteligencia: fue un empleado de tienda que hizo lo correcto.
El Estado de derecho funciona cuando los ciudadanos lo sostienen y cuando la justicia actúa sin importar el perfil del acusado. Eso es exactamente lo que ocurrió aquí. El aparato judicial federal procesó el caso, el jurado deliberó y emitió su veredicto en tres horas. Sin teatro, sin excusas. Así debe ser.



