Pablo Moyano, líder del Sindicato de Camioneros, rompió el silencio este viernes sobre el escándalo que involucra a su hermano Facundo con una respuesta de once palabras: «Que lo defina la Justicia. Yo no tengo nada que ver». Luego añadió que su propio hijo también se llama Facundo Moyano y se retiró sin más explicaciones.
El contexto es el siguiente. El miércoles por la madrugada, Candela Arizaga —pareja de Facundo— fue registrada en cámara corriendo por el barrio porteño de Belgrano mientras era perseguida por el sindicalista. Ambos fueron interceptados por la Policía. Facundo Moyano quedó detenido en una comisaría e imputado por los delitos de lesiones leves y privación ilegal de la libertad en el contexto de violencia de género. Luego fue liberado.
La historia, sin embargo, dio un giro. En su segunda declaración, Arizaga negó haber sido golpeada o agredida. Según fuentes cercanas al caso citadas por LA NACION, la mujer sostuvo que «toda la situación que se vivió fue producto del consumo de estupefacientes». Al día siguiente, ante la fiscal Florencia Nocerez —a cargo de una fiscalía especializada en violencia de género del Ministerio Público de la Ciudad—, Arizaga amplió su versión: «Como no tenía sueño, empecé a consumir cocaína. Yo venía con cambios en estado de ánimo y no fue una buena mezcla y tuve un brote psicótico». También negó cualquier discusión con Moyano.
El allanamiento practicado sobre la vivienda de Facundo arrojó resultado negativo. Las fuerzas de seguridad secuestraron un reloj inteligente, un USB y medicamentos.
Mientras tanto, Pablo Moyano participó de la marcha por San Cayetano convocada en el centro porteño y aprovechó la jornada para manifestarse contra la media sanción de la ley de propiedad privada aprobada por el Senado. No dedicó una sola palabra pública al caso de su hermano durante el miércoles; recién habló al ser acorralado por periodistas el viernes.
Vale recordar que los dos hermanos llevan distanciados desde inicios de 2024, cuando Facundo cuestionó públicamente la conducción sindical y el legado del gobierno de Alberto Fernández. Pablo lo despachó entonces con otra frase corta: «No hablo de la farándula».
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Que no te lo cuenten. Un dirigente sindical con poder real sobre miles de trabajadores sale en los medios persiguiendo a su pareja de madrugada, es detenido, imputado y liberado, y su hermano —uno de los caciques del movimiento obrero argentino— aparece al día siguiente en una marcha política hablando de leyes de propiedad privada. La casta cuida sus propios tiempos.
La imputación sigue en pie. La Justicia tiene la palabra, como el propio Pablo Moyano sugirió. Que la tenga, entonces, sin interferencias del aparato sindical que los Moyano han convertido en su feudo familiar durante décadas.



