El Aeropuerto Internacional de Palm Beach ya tiene nuevo nombre: Presidente Donald J. Trump. El cambio se hizo oficial el 9 de julio, cuando las autoridades aeroportuarias retiraron la señalización antigua y colocaron carteles renovados. El sitio web también actualizó su diseño.
El respaldo legal llegó antes: el 30 de marzo, el gobernador Ron DeSantis firmó una norma que modificó la Sección 332.0075 de los Estatutos de Florida y ordenó el renombramiento, exigiendo al condado obtener todas las aprobaciones necesarias para implementarlo.
Trump celebró la designación en Truth Social. «Un día muy importante en Palm Beach, Florida, donde fue mi gran honor cambiar el nombre del Aeropuerto Internacional de Palm Beach, por una votación espectacular», escribió. Y remató con una promesa a los floridanos: «¡Pronto será uno de los aeropuertos más grandes y espectaculares del mundo!».
Los cambios van más allá del letrero. El identificador de ubicación de la FAA pasó a ser DJT y el código OACI es ahora KDJT. Los pasajeros seguirán usando el código IATA «PBI» hasta el 18 de agosto, fecha en que también adoptará la denominación «DJT».
El precio de la operación: 5,5 millones de dólares, que cubren señalización, imagen de marca, sistemas tecnológicos, materiales impresos y otros elementos operativos. Las propias autoridades aeroportuarias aclararon, sin ambages, que el cambio de nombre «no crea ni garantiza oportunidades de financiación adicionales». Las operaciones continúan sin interrupción durante la transición por fases.
El aeropuerto se suma a una lista creciente de homenajes al presidente: buques de guerra de la Armada, un programa de visas para extranjeros adinerados, cuentas federales de ahorro para niños y, ese mismo jueves, el puente I-40 en el este de Tennessee, rebautizado «Puente Donald J. Trump».
Que no te lo cuenten. El símbolo es real, el entusiasmo también, pero el dinero del contribuyente floridano —5,5 millones de dólares— ya está comprometido antes de que se pose un solo avión adicional. La promesa de grandeza es marca de la casa Trump; la factura, en cambio, llega puntual y en efectivo. Si la renovación que el presidente imagina se materializa con inversión privada y sin desviar fondos públicos adicionales, el aeropuerto podría ser exactamente lo que promete. Si no, habrá sido el cambio de nombre más caro de Florida con el mismo número de pistas.



