Donald Trump alertó sobre el caos en Francia y dijo que lo que ocurre allí es «nada menos que inmigración masiva fuera de control». En una publicación en Truth Social, agregó: «Esto no se trata de las escuelas, ¡se trata de que el Islam quiere tomar el control de un país que alguna vez fue grande!».
Mientras tanto, las protestas estudiantiles volvieron a extenderse por tercer día y esta vez se sumaron adultos. Hubo choques entre manifestantes y policía en París, además de enfrentamientos en Lyon y Estrasburgo. Según medios franceses, unas 250.000 personas participaron en las protestas estudiantiles en todo el país. Los organizadores elevaron la cifra a cerca de 450.000.
La crisis ya golpea de lleno al sistema educativo. Las violentas protestas cancelaron clases en 891 de las 3.700 escuelas secundarias del país. Además, al menos 190 estudiantes resultaron heridos, según medios franceses. En la localidad norteña de Lens, un joven de 15 años perdió una mano después de recoger una granada policial.
El Ministerio del Interior francés informó de más de 6.000 arrestos desde el 28 de septiembre y de más de 5.000 personas llevadas bajo custodia, la mayoría menores de edad. También se reportaron cientos de heridos. En un video, se ve a una persona corriendo por las calles de París con una bandera palestina mientras elementos pro-Hamás e islamistas intentan aprovechar las protestas para empujar su agenda.
A la movilización se sumaron sindicatos de maestros, la federación obrera CGT, el Partido Socialista y La Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon. Incluso un sindicato radical de agricultores pidió a sus miembros acudir con tractores a los bloqueos.
El primer ministro Sébastien Lecornu acusó a La Francia Insumisa de tener una «agenda política» para «sumir al país en el caos» antes de las elecciones presidenciales del próximo año, según France 24. El presidente Emmanuel Macron tiene previsto reunirse más tarde con ministros clave para tratar la crisis.
El relato se cayó solo. Cuando un país termina con escuelas cerradas, cientos de heridos y miles de arrestos, ya no hablamos de una protesta aislada. Hablamos de un Estado que toleró demasiado, miró hacia otro lado demasiado tiempo y ahora paga el costo en la calle.
Otra vez la doble vara: cuando el desorden nace de la fractura migratoria y del extremismo, la burocracia europea prefiere eufemismos. Pero la realidad no negocia. O se restaura el orden, o la libre empresa, la educación y la vida cotidiana siguen siendo rehén de la anarquía.


