Coco Gauff habló. Y lo que dijo importa.
La tenista estadounidense se pronunció sobre la nueva política de elegibilidad de la Asociación Femenina de Tenis (WTA). La política exige a las jugadoras una prueba única para detectar el gen SRY, presente en el cromosoma Y. El test se realiza con un hisopo bucal, análisis de sangre o muestra de saliva. Resultado negativo: elegibilidad inmediata. Resultado positivo: evaluación médica adicional.
«Entiendo el razonamiento detrás de esto», dijo Gauff tras vencer a Kayla Day en la primera ronda del National Open de Toronto. «Entiendo la diferencia biológica y la necesidad de protegerla y preservarla».
No fue un respaldo sin reservas. Gauff también señaló que la conversación ha generado «mucha animosidad hacia la comunidad trans». Dijo no ser «fan» de ese tono. Pero el fondo quedó claro: apoya la necesidad de crear equidad en el deporte.
«Sí, creo que estoy de acuerdo con intentar proteger la equidad en el deporte femenino», afirmó.
No está sola. La número uno del mundo, Aryna Sabalenka, fue más directa. «Creo que es muy importante mantener la equidad en nuestro tour», declaró. «Biológicamente, los hombres son mucho más fuertes que las mujeres. No sería justo que las mujeres compitieran contra hombres biológicos».
Dos de las mejores tenistas del planeta dicen lo mismo. Con distinto tono, pero con el mismo fondo.
---
Que no te lo cuenten.
El relato progresista lleva años presentando la protección del deporte femenino como un acto de odio. Gauff lo desmonta sin pretenderlo. Apoya a la comunidad trans y apoya la equidad competitiva. Las dos cosas a la vez. Eso no encaja en el guion.
La WTA tomó una decisión basada en biología. No en ideología. El gen SRY existe. La diferencia de rendimiento existe. Las atletas que compiten cada semana lo saben mejor que cualquier funcionario de una comisión de equidad. Aquí no hay doble vara: hay mujeres defendiendo su espacio con datos. El aparato del adoctrinamiento deportivo tendrá que encontrar otro argumento.



