Guido Girardi no se mordió la lengua. El expresidente del PPD y exdiputado disparó contra sus propios aliados de gobierno en una entrevista con La Tercera. Su diagnóstico fue directo: «El Frente Amplio, por lo menos, lo que yo he visto es que, en el fondo, requieren lamentablemente, aparentemente, la certificación del Partido Comunista».
No es un detalle menor. Es una radiografía.
El Frente Amplio se vendió durante años como la renovación de la izquierda. Una generación nueva. Ideas frescas. Nada de dogmas del siglo XX. Girardi, desde adentro del bloque oficialista, dice que eso no es lo que ve. Lo que ve es dependencia. Subordinación ideológica al PC.
Sobre el Partido Comunista, Girardi fue aún más tajante. «Tiene una lógica ideológica que es implacable, que va a transitar independientemente de los cambios en la sociedad». En cristiano: no aprende, no cambia, no se adapta. Sigue anclado en el siglo XX sin importar lo que ocurra afuera.
El exdiputado también cuestionó el manejo de la megarreforma. La calificó de «papelón sintomático». Valoró que el PPD intentara un diálogo, pero criticó la forma: «Los senadores no se comunicaron con su partido». Caos interno disfrazado de gestión.
En positivo, Girardi sí defiende condiciones básicas para el crecimiento. Mencionó estabilidad fiscal, garantías de inversión y garantías tributarias de invariabilidad. Son exactamente las palabras que el gobierno de Boric ha evitado pronunciar durante años. Que vengan de un militante del bloque oficialista dice mucho del estado de la coalición.
Su propuesta de fondo es que el PPD tome el rol de «partido del futuro». Construir puentes. Dialogar con la centroderecha. Pensar en Chile al 2050. Todo muy razonable. Todo muy alejado de lo que hace el gobierno hoy.
Contrafuego lo lee así: cuando un dirigente histórico de la izquierda moderada tiene que salir a pedir estabilidad fiscal y garantías de inversión, algo falló. Cuando ese mismo dirigente denuncia que el Frente Amplio opera bajo tutela comunista, el relato de la renovación progresista colapsa por su propio peso. No lo dice la derecha. Lo dice uno de los suyos.
La pregunta que nadie en el oficialismo quiere responder es sencilla: ¿quién gobierna Chile, los electos o el PC? Girardi, al menos, tuvo el coraje de plantearla.



