Una adolescente de 15 años despertó dentro de su propio ataúd durante su funeral en Guatemala, en un episodio que dejó a su familia entre el susto y el alivio.
Yuleidy Ixcotoyac, de 15 años, se desmayó el sábado mientras su padre, Abraham Ixcotoyac, la llevaba en auto a un centro médico. Según los reportes citados, el padre, que es pastor evangélico, dijo que al detener el vehículo no pudo detectar pulso ni respiración, por lo que creyó que su hija había muerto y regresó a casa.
La joven no recibió una evaluación médica ni se emitió un certificado oficial de defunción, de acuerdo con las fuentes citadas. Aun así, su familia compró un ataúd y reunió a sus seres queridos en su casa rural de la aldea de El Jocote apenas horas después.
Durante el funeral, la madre de la menor advirtió movimiento dentro del féretro. Según su relato, cuando lloraba sobre el ataúd, abrieron una ventana y vio que su hija se movía, despertaba y de pronto se incorporaba. En video que circuló en línea, se la ve sentarse mientras las personas a su alrededor celebran y exclaman «Hallelujah!».
La propia Yuleidy dijo después que sintió un dolor fuerte en el pecho antes de perder el conocimiento. También agradeció a Dios por seguir con vida.
Infobae señaló que no había una evaluación médica pública que explicara el episodio al momento de su reporte. Por ahora, lo único claro es que nadie debía estar administrando un funeral como si ya hubiera un diagnóstico cerrado. Y, sin embargo, la familia fue empujada a resolver una tragedia sin el respaldo básico de la medicina.
El caso expone una verdad incómoda: cuando faltan diagnóstico, certificación y prudencia, la burocracia informal y la desesperación pueden convertir un momento de duelo en una pesadilla. No hace falta exagerar nada para ver el problema. Bastó un desmayo, una suposición y demasiada prisa para que una menor terminara dentro de un ataúd antes de tiempo.
Otra vez la doble vara: se exige confiar ciegamente en el aparato de protocolos cuando conviene, pero aquí no hubo ni protocolo mínimo ni certeza clínica. Que no te lo cuenten. El relato se cayó solo.



