Andrés Guerra, representante a la Cámara por el Centro Democrático, lanzó una advertencia sobre el arranque del Congreso. Su diagnóstico es simple y duro: la derecha no está logrando mover la agenda.
Guerra dijo que en el interior del Legislativo se ve la estrategia de la izquierda para obstaculizar las iniciativas del Gobierno. A su juicio, «están utilizando todas las herramientas para que el Legislativo vaya como el cangrejo». Incluso fue más lejos: «Estamos en operación cangrejo, hacia atrás».
El congresista afirmó que «la plenaria de la Cámara, prácticamente, no camina». También señaló que «45 representantes del Pacto Histórico tienen mucho peso» y que las bancadas que acompañan al Gobierno no están unificadas. Según él, eso muestra una planificación «liderada por Gustavo Petro» para frenar procesos en comisiones y en la plenaria.
Guerra puso el foco, además, en el comportamiento de los partidos de gobierno. Dijo que hay «mucha ausencia de los liberales, los conservadores, los de La U, Cambio Radical». Añadió que mientras el Centro Democrático permanece en el recinto, otros partidos «se van retirando paulatinamente». Para él, hay falta de quórum y una táctica de dilación.
Su descripción del día a día en la Cámara fue cruda. Contó que entran a las dos de la tarde y que a las cinco todavía están discutiendo si lo dejan hablar o no. Según su relato, pasan las horas y apenas se vota medio proyecto de ley. «Y así llevamos casi dos meses», afirmó.
También cuestionó el papel del ministro del Interior, Rodrigo Lara Restrepo. Dijo que está más dedicado a sacar adelante el presupuesto de 2027 que a atender la dinámica política del Congreso. Y reclamó claridad: «No es posible que, dos meses después, el Gobierno no defina si vamos a adelgazar el Estado».
La escena deja una lectura clara. Si la Cámara se mueve al ritmo de la dilación, quien paga la factura es el país entero. Menos trámite legislativo significa menos reformas, más burocracia y más poder para quienes saben trabar el sistema desde adentro.
Otra vez la doble vara. Se habla de gobernabilidad, pero el Congreso aparece atrapado entre ausencias, cálculo político y un aparato que no quiere decidir. El relato de la eficiencia se cae solo cuando el recinto no avanza y el Estado sigue sin una hoja de ruta clara.


