La coalición republicana se fractura en público. El ambicioso paquete de reconciliación presupuestaria que la Casa de Representantes intenta aprobar antes del receso de agosto enfrenta una resistencia interna que pone en duda todo el calendario.
El marco presupuestario de 95.000 millones de dólares propuesto por los republicanos de la Cámara asignaría 73.000 millones a defensa, según el memo interno que la administración Trump envió el jueves a las oficinas del Congreso expresando su respaldo al plan. Sin embargo, el líder de la mayoría en el Senado, John Thune (R-Dakota del Sur), puso sobre la mesa otra cifra que complica el panorama: «La pregunta —dijo, retomando un punto ya planteado— es si 60.000 millones valen el riesgo de llevar algo así al pleno, y todo el daño que podría derivarse».
La ambigüedad entre ambas cifras no es un detalle menor: refleja que ni siquiera dentro del bloque republicano hay consenso sobre qué se está votando ni a qué costo.
El otro detonador es la Ley SAVE America. El intento de adjuntarla al proceso de reconciliación ya ha encendido a varios senadores republicanos. El senador Thom Tillis (R-Carolina del Norte), que se retira al final de su mandato, fue el más directo: «Si seguimos añadiendo capas de complejidad, como otro intento fallido de la Ley SAVE, nunca lo vamos a lograr». Cuando le preguntaron si votaría en contra si la ley se incluía, respondió: «Absolutamente. Y también ralentizaré otras cosas». Tillis calificó el ejercicio de «futilidad» y añadió que esas eran «las únicas cosas positivas» que podía decir al respecto.
El presidente de la Cámara, Mike Johnson (R-Luisiana), insiste en que ambas cámaras pueden aprobar el plan antes del receso. El Comité de Presupuesto de la Cámara ya avanzó el proyecto el jueves, abriendo la puerta a una votación en el pleno la semana próxima. Pero Thune recibió el optimismo de Johnson con una frase que lo dice todo: «Es una novedad para mí».
Mientras tanto, el senador Rick Scott (R-Florida) advirtió que, si el trabajo no está hecho, el Senado debería quedarse: «Si no lo logramos, creo que vamos a tener que quedarnos».
Que no te lo cuenten. Lo que está en juego aquí no es solo un calendario legislativo: es si el bloque que controla el Congreso tiene disciplina suficiente para gobernar. Un paquete de defensa y seguridad electoral bloqueado por disputas internas no es una señal de deliberación sana; es la burocracia republicana protegiéndose a sí misma. El senador Tillis, en sus últimas semanas con poder real, elige usarlo para frenar —no para construir. El contribuyente, que financia cada dólar de este aparato, merece saber quién está apostando al fracaso y por qué.



