Hackers tomaron el control de sistemas de refrigeración en cientos de supermercados franceses el domingo por la noche. Subieron la temperatura hasta 122 grados Fahrenheit, echaron a perder alimentos y, según reportes citados por la BBC, provocaron pequeños incendios en varias tiendas.
El ataque apuntó a sistemas fabricados por la empresa danesa Danfoss. Ese software permite a los comercios gestionar de forma remota refrigeradores y congeladores. Los atacantes forzaron los equipos a permanecer durante horas en el ciclo de descongelación, que normalmente es breve.
Al llegar el lunes, administradores de supermercados franceses encontraron aire caliente saliendo de los congeladores. Dos supermercados del este de Francia reportaron pérdidas combinadas de unos $302,000, según medios franceses.
Les Mousquetaires, propietaria de Intermarché, dijo a CNBC que alrededor de 180 de sus tiendas resultaron afectadas. Thierry Cotillard, director ejecutivo de Les Mousquetaires, dijo a BFM TV que espera pérdidas nacionales de «tens of millions of euros».
Danfoss dijo a la AFP que casi todas las unidades afectadas eran productos «legacy» que «no longer receive software or security updates». La empresa aseguró que antes había pedido a las cadenas francesas actualizar esos modelos para mejorar la seguridad.
En agosto, la firma de ciberseguridad Claroty publicó una investigación sobre vulnerabilidades importantes en el software de control de Danfoss. Según Claroty, esas fallas podían permitir a un atacante saltarse protecciones de inicio de sesión y comprometer sistemas de refrigeración. Claroty dijo que Danfoss corrigió las vulnerabilidades en una actualización de firmware. Ni las autoridades francesas ni Danfoss han vinculado esas fallas con este ataque.
Los fiscales franceses investigan lo que llamaron un ataque «large-scale» que afecta a los refrigeradores de varias grandes cadenas de alimentos en Francia. La Agencia Nacional de Ciberseguridad de Francia identificó una vulnerabilidad en el software de Danfoss, según una fuente cercana al primer ministro Sébastien Lecornu.
La lección es incómoda. El comercio moderno depende de sistemas remotos para operar lo básico. Cuando esa infraestructura cae, el costo no lo paga una abstracción tecnológica. Lo paga el comerciante, lo pagan los empleados y, al final, lo paga el consumidor.
Otra vez la doble vara: se vende eficiencia digital, pero demasiadas veces se descuida la seguridad mínima que sostiene la libre empresa. Sin orden tecnológico, no hay comercio confiable. Y sin comercio confiable, el recibo siempre termina en la caja de los contribuyentes y del sector privado, no en la oficina del hacker.



