Omar García Harfuch aseguró que no tiene «agendas paralelas» y que su trabajo no se lo permite. También dijo que sería «una falta de respeto» para las personas desaparecidas y para las víctimas de la extorsión y otros delitos delicados.
El comentario vino después de que el senador Manuel Velasco lo llamara el «Pedro Infante de la política» por su popularidad y por la idea de que ganaría la elección presidencial en 2030. Harfuch agradeció el cumplido, pero dejó claro que hoy su foco está en el trabajo.
La columna también pone bajo la lupa a Morena y su relación con la sátira. Una diputada local de Guadalajara, Itzul Barrera, llevó al Tribunal Electoral una inconformidad contra un cartonista por una caricatura sobre su propuesta de 70% de arancel al aguacate. La Sala Guadalajara le dio la razón y solicitó al monero una disculpa pública, al considerar que el trabajo incorporó estereotipos de género. Algo similar ocurrió con Karina Barrera, cuya impugnación ante el TEPJF terminó en una disculpa para «Dato Protegido».
En otro frente, Víctor Rodríguez Padilla, exdirector de Pemex, logró la suspensión condicional del proceso penal por violencia familiar contra su pareja. El acuerdo reparatorio prevé el pago inmediato de 120 mil pesos, una pensión mensual de 14 mil pesos y un tratamiento psicológico especializado en masculinidades. Con eso evitará la cárcel y su expediente criminal quedará limpio.
La presidenta Claudia Sheinbaum admitió que lee todas las mañanas a los «comentócratas», aunque publiquen puras «mentiras». En ese contexto, respondió a un reporte de The Wall Street Journal sobre un supuesto regaño a Harfuch y lo calificó como un «chisme». Luego corrigió: «No, no es regaño. Mi equipo sabe que… siempre les digo: ‘No hay que ser autocomplacientes, hay que revisar lo que estamos haciendo’».
También la ministra Loretta Ortiz fue obligada a disculparse con personas con discapacidad auditiva, luego de que en una sesión del 18 de agosto dijera que las personas con esa condición resultan una carga para el Estado. ONGs la acusaron de usar un lenguaje discriminatorio, inapropiado y revictimizante. Tras la presión, ofreció una disculpa pública.
Y, por si faltara un dato de la semana, el PAN también se sumó a los halagos a Harfuch. Elías Lixa salió contento de una reunión con el secretario de Seguridad y reconoció que no hubo molestia y que se expresó del gobernador Mauricio Kuri en buenos términos.
La lectura es evidente: mientras Harfuch intenta anclarse en el trabajo, buena parte de la clase política sigue atrapada en la grilla, la piel delgada y la doble vara. Que no te lo cuenten. En un país golpeado por delitos delicados, lo mínimo esperable es seriedad; no conversiones teatrales ni burocracia sensible solo cuando conviene.


