Kamala Harris no mencionó a Joe Biden ni una sola vez.
Eso ocurrió el viernes en Nashville, ante la Conferencia de la National Urban League, cuando el presidente de la organización, Marc Morial, le pidió que nombrara a los presidentes más efectivos de la historia de Estados Unidos. Harris eligió a Franklin Roosevelt, John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson y, con mención especial, a Barack Obama. Biden: silencio absoluto.
No es un olvido menor. Harris fue vicepresidenta de Biden durante cuatro años. El hombre dejó su propia campaña de reelección 107 días antes de las elecciones y la endosó de inmediato. Ella perdió tanto el Colegio Electoral como el voto popular frente a Donald Trump. Y desde entonces, según su propio libro «107 Days», Harris responsabilizó a la Casa Blanca de no haberla defendido cuando los republicanos la señalaron como «zarina de la frontera»: «Nadie en el equipo de comunicaciones de la Casa Blanca me ayudó a rebatir eso eficazmente», escribió.
El desplante público del viernes es, en ese contexto, la continuación de una ruptura que ya no es privada.
Pero la omisión no fue lo único que Harris dejó sobre la mesa en Nashville. La ex vicepresidenta aprovechó el foro para anticipar lo que sería su agenda si vuelve a postularse en 2028: abolir el Colegio Electoral, ampliar la Corte Suprema a 13 magistrados —«como tenemos 13 cortes de distrito», argumentó— y estudiar la estadidad para Puerto Rico y Washington D.C.
«Sé que esto va a ser controversial viniendo de mí, en particular», admitió ella misma antes de lanzar las propuestas.
Curiosamente, Harris justificó la idea de ampliar la Corte citando al propio Roosevelt, a quien describió como su presidente favorito precisamente porque intentó hacer lo mismo en su momento y «recibió un feroz rechazo por eso». La lección que Harris extrae de ese episodio parece ser la opuesta a la que extrajo la historia.
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Que no te lo cuenten. Lo que ocurrió en Nashville no fue una conferencia de política pública: fue el lanzamiento informal de una candidatura presidencial con el programa más radical que Harris ha exhibido hasta ahora. Eliminar el Colegio Electoral significaría que tres o cuatro grandes metrópolis decidan quién gobierna a 330 millones de estadounidenses. Empaquetar la Corte Suprema con cuatro nuevos magistrados es exactamente lo que los demócratas denunciaron como «amenaza a la democracia» cuando lo discutió el otro lado.
El relato se cayó solo. Harris no puede presentarse como la candidata de la unidad cuando borra de la historia a su propio compañero de fórmula, ni como la defensora de las instituciones cuando propone rediseñarlas a medida. La doble vara sigue intacta.


