Hasan Piker pasó parte de su transmisión por el 25.º aniversario del 11 de septiembre defendiendo su «derecho divino» a decir que odia a Estados Unidos.
Piker, a quien el texto describe como un «radical communist Twitch streamer» y un admirador de Mao Zedong, respondió a un clip en el que declaraba su odio por Estados Unidos. Ese fragmento había sido usado en un anuncio de ataque contra Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Michigan.
«Por supuesto que soy estadounidense. Es mi maldito derecho divino y protegido por la Constitución decir que odio a Estados Unidos si Estados Unidos realmente está jodiendo a los estadounidenses», dijo Piker. También se quejó de que algunos liberales y casi todo el Partido Republicano lo presentaran como un odiador de América.
En otro tramo, sostuvo que la reacción de rechazo vendría de una política pública insuficiente. Preguntó cómo no enojarse ante un gobierno que, según él, no hace nada para tratar a sus enfermos, alimentar a sus hambrientos ni alojar a sus personas sin hogar, cuando «tenemos todo el dinero» y una «abundancia de riqueza y prosperidad».
El foco político del caso no se queda en Piker. El problema, según las críticas recogidas en la fuente, es el número de demócratas —candidatos y funcionarios electos— que se han alineado con él.
El-Sayed es uno de ellos. Después de hacer campaña junto a Piker en varias ocasiones, pasó semanas tratando de convencer a los votantes de que esas asociaciones no importan. El domingo, en «Face the Nation», evitó responder de forma directa cuando Weijia Jiang lo interrogó otra vez sobre Piker. En cambio, sugirió que el problema era preguntarle por «un streamer de Twitch en California» en vez de concentrarse en que la gente de Michigan no puede pagar los comestibles.
Pero hay un dato político que los votantes no deberían perder de vista: El-Sayed se ha alineado con un streamer que llama a Zohran Mamdani, alcalde demócrata socialista de Nueva York, «el verdadero presidente de los Estados Unidos».
Que no te lo cuenten. La discusión no es sobre si Piker tiene derecho a hablar. Lo tiene, y la propia fuente lo deja claro. La discusión es por qué tantos políticos demócratas aceptan como normal un discurso que desprecia al país mientras buscan el voto de gente que pelea todos los días por llenar la canasta.
Otra vez la doble vara. Cuando el desprecio por Estados Unidos sale desde la izquierda militante, el aparato mediático y la burocracia partidaria lo envuelven en lenguaje sofisticado. Pero al contribuyente y al votante común no le venden ideas: le venden una cultura política que premia la provocación y castiga el sentido común.



