El senador Josh Hawley, republicano por Misuri, presentó este jueves legislación para prohibir que funcionarios federales acepten premios en efectivo mientras ejercen sus cargos. La medida llega un día después de que el propio Hawley confrontara al ex director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), Anthony Fauci, en una audiencia del Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales del Senado.
Según registros públicos citados por Hawley, Fauci utilizó a empleados de su agencia para solicitar al menos ocho premios en efectivo a su favor durante su gestión, con un solo cheque que ascendía a 900.000 dólares. El total de esos premios superaría el millón de dólares, según dijo el senador durante la audiencia.
«Ningún burócrata federal debería aceptar premios en efectivo mientras está en el cargo», declaró Hawley a Fox News Digital. «Fauci se enriqueció mientras millones de personas morían. Eso no puede volver a ocurrir».
Durante la audiencia del miércoles, Fauci invocó la Quinta Enmienda —el derecho a no autoincriminarse— más de 100 veces. El senador Rand Paul anunció que buscará cargos por desacato al Congreso. Hawley, por su parte, fue directo: «Creo que sé por qué lo hace. Porque no quiere responder preguntas. Porque durante la pandemia se enriqueció… mientras la gente moría».
El proyecto de ley, bautizado como el «No Cash Prizes for Bureaucrats Act», cerraría los vacíos en leyes federales que ya prohíben a empleados del gobierno solicitar recompensas como premios en efectivo. Específicamente, bloquearía que funcionarios federales reciban premios por medicina e investigación, impediría que los soliciten, y reforzaría las regulaciones existentes que prohíben a los funcionarios de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) usar su tiempo laboral —o el de sus subordinados— para gestionar ese tipo de reconocimientos.
Que no te lo cuenten. Aquí no hay ambigüedad: registros públicos documentan que empleados pagados con dinero de los contribuyentes fueron utilizados para conseguirle premios personales al funcionario más poderoso de la salud pública estadounidense durante la mayor crisis sanitaria en décadas. El aparato estatal, en su versión más descarada, al servicio del enriquecimiento individual.
La iniciativa de Hawley apunta a algo más profundo que Fauci: la burocracia federal opera con una doble vara que ningún ciudadano común podría permitirse. Mientras los americanos perdían empleos, familiares y libertades bajo mandatos que Fauci defendió, el sistema le abría la puerta trasera para cobrar. El relato de que los servidores públicos «sirven» al país se cayó solo. La pregunta ahora es si el Congreso tiene voluntad de cerrar esa puerta de una vez.



