Kathy Hochul evitó disculparse cuando Bruce Blakeman la presionó por las familias de personas asesinadas por inmigrantes ilegales durante el debate por la gobernación de Nueva York.
Blakeman le pidió que respondiera a los familiares que, dijo, «nunca volverán a sentarse a otra cena de Acción de Gracias» y «nunca podrán abrir sus regalos en su árbol de Navidad». También le pidió que pidiera perdón y que devolviera las llamadas de los padres de Sheridan Gorman para hablar sobre su política de ciudad santuario.
La gobernadora no contestó de forma directa a esa solicitud. En cambio, desvió la conversación hacia los agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), según la cobertura del debate.
Jose Medina-Medina, un inmigrante ilegal de Venezuela, enfrenta cargos relacionados con el tiroteo mortal de Sheridan Gorman, una estudiante de 18 años de Loyola University Chicago, originaria de Yorktown, Nueva York. Gorman murió mientras caminaba con amigos cerca de su campus a altas horas de la noche.
Sus padres han criticado las políticas santuario que limitan la cooperación entre la policía local y ICE. La muerte de Gorman avivó llamados a cambiar ese marco de cooperación.
Hochul respondió que todos los crímenes son «desgarradores» y dijo: «Aborrezco todos los crímenes, sin importar quién sea el autor». También afirmó que su administración ha gastado miles de millones para «ayudar a la policía a hacer su trabajo» y reducir el delito en todo el estado.
La gobernadora añadió que el delito ha bajado a mínimos históricos, especialmente los delitos violentos como los disparos y los asesinatos. Dijo que eso no fue fácil y que exigió cambiar leyes y asignar más dinero.
El intercambio deja una imagen incómoda para el oficialismo: cuando se le pidió empatía y responsabilidad, Hochul optó por la evasión. Ese reflejo es viejo en la burocracia progresista. Primero niega el costo humano de sus políticas. Luego pide paciencia. Después promete más gasto público.
Pero las familias no viven de promesas ni de relatos. Viven con la ausencia. Y cuando el aparato estatal protege más su narrativa que a los ciudadanos, el problema ya no es solo de seguridad. Es de prioridades. Otra vez la doble vara.


