Hollywood tiene un talento especial para sorprender cuando menos lo intenta. Esta vez lo logró A24.
La película se llama «The Invite». La dirige y protagoniza Olivia Wilde. Es una adaptación libre del filme español «The People Upstairs» (2020). Seth Rogen interpreta a Joe. Wilde interpreta a Angela. Son un matrimonio roto, sostenido por el resentimiento y una hija de doce años.
Hasta aquí, el guion suena predecible. Pareja aburrida. Vecinos liberales y seductores. Fiesta de intercambio de parejas. Caos.
Pero el filme no va por donde parece.
Hawk y Piña, interpretados por Edward Norton y Penélope Cruz, son los vecinos del piso de arriba. Organizan fiestas libertinas. Se prodigan en afecto de forma tan exagerada que, según la reseña de Daily Wire, «empiezan a parecerse a villanos de un sketch de Larry David». Angela los ve como una salvación. Joe, un músico de jazz fracasado reconvertido en profesor de conservatorio de tercera, los ve con desconfianza.
Lo que el filme hace a continuación es más interesante que cualquier escena subida de tono. Muestra que el problema de Joe y Angela no es la falta de aventura. Es la falta de comunicación. Llevan un año sin tener relaciones. Lo confiesan en la cena. No se hablan salvo para quejarse. Su matrimonio no murió por el peso de la rutina. Murió por años de evasión y decepción acumulada.
La película termina empujando hacia atrás contra Oscar Wilde —el dramaturgo, no la directora—, quien en 1893 escribió que «siempre se debería estar enamorado; por eso nunca se debería casar». El filme dice lo contrario. El matrimonio no mató el amor entre Joe y Angela. Ellos lo hicieron solos, eligiendo el silencio.
La escena más reveladora no es sexual. Es la del Château Haut-Brion 1982. Joe saca ese Burdeos de primera categoría de un armario, lo descorcha sin temperatura ni decantación, y lo sirve a invitados que no están en condiciones emocionales de apreciarlo. Es una metáfora perfecta. Tienen algo valioso. No saben cuidarlo.
El filme tiene clasificación R, pero la reseña señala que es «más sugerente en los diálogos que explícito en la acción». El intento de orgía termina en fracaso cómico. No hay epifanía hedonista. Hay dos personas que se dan cuenta de que no quieren lo que creían querer.
Contrafuego lo dice claro: cuando la industria que lleva años vendiendo la destrucción de la familia como liberación produce accidentalmente una defensa del matrimonio, algo falló en el relato. O algo funcionó en la realidad. El mercado de ideas, igual que el libre mercado, tiene una forma brutal de corregir el exceso ideológico. A veces la corrección llega desde A24, con Seth Rogen y una botella de Burdeos mal servida.
Que no te lo cuenten.



