Agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) recibieron instrucciones precisas. Los arrestos de nacionales haitianos son ahora una «prioridad» para la agencia. Así lo confirmó una fuente interna al Daily Wire.
El detonante es concreto. El Estatus de Protección Temporal (TPS) que cubría a unos 300,000 haitianos en Estados Unidos expira este lunes. Durante más de una década, ese programa los blindó contra la deportación y les permitió trabajar sin residencia permanente. Eso se acabó.
El plan de la administración Trump incluye operativos específicos en Ohio. Springfield es el nombre que lo dice todo. Esa pequeña ciudad fue desbordada por cerca de 20,000 migrantes haitianos durante la era Biden. Trump la convirtió en símbolo de campaña. Prometió revocar el TPS. Ganó. Cumple.
El Tribunal Supremo le dio el mes pasado una victoria decisiva al gobierno. La Corte rechazó la demanda que acusaba a la administración de motivaciones racistas al cancelar el TPS haitiano. El juez Samuel Alito fue directo en la opinión mayoritaria: los propios demandantes ofrecieron «una explicación sólida y racialmente neutra», al señalar que la administración simplemente se opone al programa tal como fue implementado. La acusación de racismo se cayó sola.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) no confirmó operaciones concretas. Pero sí habló claro sobre el TPS: lo calificó de «programa de amnistía de facto». Y lanzó un mensaje sin rodeos: «No tienes que irte a casa, pero no puedes quedarte aquí». Para quienes elijan salir voluntariamente, el gobierno ofrece un cheque de 2,600 dólares y un vuelo gratis de regreso.
Los migrantes que no salgan por su cuenta tendrán derecho a comparecer ante un juez de inmigración. Solo tras una orden judicial puede ICE ejecutar la deportación.
Esto es lo que ocurre cuando un gobierno decide que las normas se cumplen. El TPS nació como medida temporal. Duró más de diez años. Se convirtió en residencia encubierta financiada por el contribuyente estadounidense. La burocracia lo normalizó. Trump lo desmonta.
El relato progresista insistió en que era imposible revertirlo. El Supremo acaba de demostrar lo contrario. Que no te lo cuenten.



