Tres incendios simultáneos sin control pusieron a prueba este martes las elecciones primarias en el estado de Washington. El epicentro: Spokane, la segunda ciudad más grande del estado, donde unas 65.000 personas recibieron órdenes de evacuación justo cuando debían ejercer su voto.
Según cifras de la oficina del Secretario de Estado, más de 5 millones de habitantes de Washington están registrados para votar. El sistema electoral del estado permite entregar las boletas en buzones oficiales, centros de votación o por correo con matasellos del día de la elección. Pero ninguna de esas opciones resulta sencilla cuando te están sacando de tu casa.
La auditora del condado de Spokane, Vicky Dalton, confirmó a la televisora KXLY que quienes perdieron sus boletas en la evacuación aún pueden votar en persona. Las bibliotecas del condado, la oficina electoral y otros sitios habilitados disponen de boletas de reemplazo. Las autoridades aseguraron estar preparadas para una mayor afluencia presencial.
El secretario de Estado, Steve Hobbs, advirtió que la participación en estas primarias habitualmente no supera el 40%, y que los incendios activos para la tarde del martes presionarán esa cifra aún más a la baja.
El contexto es brutal: Oregon y Washington atraviesan su peor temporada de incendios en más de 30 años. Hasta este martes, las llamas habían consumido más de 1.052.183 hectáreas entre los dos estados.
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Que no te lo cuenten. Lo que ocurre en Washington es la fotografía exacta de lo que pasa cuando el aparato estatal falla en lo básico: proteger el territorio y garantizar condiciones mínimas para que los ciudadanos ejerzan sus derechos. Más de un millón de hectáreas calcinadas en dos estados no es una cifra abstracta; es el precio de años de gestión forestal deficiente, regulaciones que priorizan el relato verde sobre el manejo real del monte y presupuestos públicos que van a cualquier cosa menos a la prevención.
El derecho al voto no se defiende solo con discursos sobre democracia. Se defiende con infraestructura funcional, con tierra que no arda y con un Estado que cumpla su función primaria antes de pretender administrar la vida de todos. Hoy en Spokane, 65.000 personas evacuadas tienen una opinión muy concreta sobre eso.



