Gerardo Fernández Noroña fue increpado este domingo en la terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, a su regreso de Nayarit.
De acuerdo con los videos publicados en redes sociales, varias personas se le acercaron mientras caminaba hacia la salida junto con su asistente Emiliano González. Entre los gritos que se escuchan están «¡corrupto!», «dé la cara, qué vergüenza», «¡fuera corrupto!», «baila, baila, corrupto» y «¡fuera Morena!».
En las imágenes, el senador morenista avanza con su maleta en la mano derecha y mueve la izquierda como si llevara el compás musical, mientras una mujer le lanza los reclamos y un hombre se acerca con su celular para grabarlo y cuestionarlo.
Más tarde, Fernández Noroña publicó en redes sociales que, tras regresar del informe del gobernador Miguel Ángel Navarro en Nayarit, un grupo de pasajeros a la salida del AICM «se envalentonaron y gritaron todas las canalladas que promueven los medios en contra de nuestro movimiento». También escribió: «Si fuéramos narcos, no se atreverían ni siquiera mirarnos».
El episodio vuelve a poner a Morena frente a su propia sombra: la desconfianza pública ya no se queda en la conversación digital, se expresa en espacios abiertos y frente a un senador en plena terminal aérea. Cuando un político es recibido entre reclamos de «¡corrupto!» y «¡fuera Morena!», el costo no es solo de imagen; es el desgaste de un movimiento que presume autoridad moral mientras acumula rechazo.
Otra vez la doble vara: el oficialismo pide respeto, pero cada vez enfrenta más descontento directo en la calle. Que no te lo cuenten. Cuando la ciudadanía decide interpelar así a un legislador en público, lo que queda expuesto es la ruptura entre el discurso de la casta política y la percepción de la gente.



