No fue un rumor ni una filtración anónima. Fue una investigación formal de 97 páginas encargada por la propia institución.
El Interlochen Center for the Arts, prestigioso centro de artes escénicas de Míchigan que atrae estudiantes de todo el mundo, contrató en 2024 al despacho Sanghavi Law Office para investigar denuncias de abuso sexual por parte de su personal. El resultado: 70 testimonios de ex alumnos que describen «conducta física de naturaleza sexual» cometida por 47 personas vinculadas a la institución entre la década de 1950 y la de 2010, la mayoría antes del año 2000.
«La información recopilada durante esta investigación es, sencillamente, devastadora», concluye el informe, que detalla casos de acoso, tocamientos y relaciones sexuales.
La investigación se amplió para incluir a Jeffrey Epstein, financiero que fue campista en Interlochen en 1967 y donó más de 400.000 dólares a la escuela entre 1990 y 2003. Dos mujeres declararon ante los investigadores que Epstein tuvo conductas de naturaleza sexual con ellas. Una de ellas relató que él la rozó «por encima de la ropa, de manera que él indicó fue accidental», y que también pagó su viaje a Nueva York mientras ella era estudiante. Según el informe, «cada vez que él se ponía 'manoseador' con ella, ella se congelaba hasta que él paraba». La otra mujer declaró haberle dado un masaje en su casa, y que él posiblemente le pidió que se quitara la parte de arriba.
Interlochen retiró el nombre de Epstein de un pabellón tras su condena por delitos sexuales en Florida en 2008. El edificio, rebautizado como Green Lake Lodge, fue demolido recientemente después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicara millones de páginas de documentos sobre él. Epstein murió en prisión en 2019.
La institución entregó los nombres de los acusados a las autoridades del condado de Grand Traverse para que determinen qué medidas proceden. Ninguno de los señalados trabaja actualmente allí, y más de un tercio han fallecido.
El presidente Trey Devey y el presidente del consejo Barrett Rollins firmaron una carta pública en la que afirmaron que el Interlochen de hoy «es fundamentalmente diferente de la institución descrita en este informe».
Que no te lo cuenten. Durante décadas, una institución que se presentaba como refugio de excelencia artística y formación juvenil albergó un patrón sistemático de abuso. Epstein no fue un actor externo que se coló por una grieta: fue un donante activo, con su nombre grabado en un edificio, con acceso sostenido a estudiantes. La burocracia institucional, cuando protege su reputación antes que a sus alumnos, no es un accidente: es una elección. El informe está sobre la mesa. Ahora la pregunta es si las autoridades harán algo con él.



