El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, acusó este sábado al secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, de «violar el párrafo 9 del Memorando de Entendimiento» firmado el pasado 17 de junio. Lo dijo en redes sociales. Sin rodeos.
Ese párrafo nueve establece que, a la espera de un acuerdo definitivo, Washington «no impondrá nuevas sanciones ni desplegará fuerzas adicionales en la región». Es el texto. Está ahí.
El detonante fue concreto. El Departamento del Tesoro incluyó en su lista de sanciones a Ali Ansari. Según Washington, Ansari «supervisa una extensa red global de activos» que benefician al nuevo líder supremo, el ayatolá Mojataba Jamenei, y a «otras élites del régimen». El Tesoro lo acusa de haber institucionalizado «la malversación de fondos públicos a gran escala» hacia una cartera de propiedades inmobiliarias y comerciales en el extranjero.
Araqchi no se quedó callado. «Irán hasta ahora ha cumplido con su palabra, a diferencia del así llamado secretario del Tesoro», escribió. Y remató: «Solo puede haber cumplimiento mutuo».
Desde el lado estadounidense, la respuesta fue igual de directa. El Tesoro declaró que «continuará usando cada herramienta a su disposición para aislar» al líder supremo y a las élites del régimen del sistema financiero global. Y añadió que «preservará estos activos para el pueblo iraní».
El contexto importa. Este viernes, el presidente Donald Trump anunció la reanudación formal de las conversaciones con Irán. Pero aclaró que eso no significa restaurar el alto el fuego, roto esta semana por nuevos bombardeos entre ambos países en medio de tensiones en el estrecho de Ormuz.
Dos mensajes simultáneos. Mesa de negociación abierta y sanciones al entorno del ayatolá. Eso no es contradicción: es presión.
La lectura de Contrafuego es esta. El aparato del régimen iraní lleva décadas usando fondos públicos como caja personal. El Tesoro lo documenta ahora con nombres y redes de activos. Que Teherán invoque un memorando para blindar a esa estructura dice mucho sobre qué protege ese memorando y a quién.
La diplomacia con regímenes que malversan, reprimen y amenazan rutas comerciales globales tiene un límite lógico. Bessent lo trazó. Que no te lo cuenten de otra manera.



