Israel afirmó que el intento de secuestro de un vuelo con destino a Tel Aviv fue un ataque yihadista frustrado gracias a la acción de varios pasajeros. Benjamin Netanyahu dijo que el atacante «se radicalizó en el islamismo» y advirtió que quien lo envió «pagará un precio muy alto».
Según funcionarios israelíes citados en la fuente, el copiloto omaní acusado del secuestro había mostrado compromiso con una ideología «yihadista» y publicó mensajes sobre «matar judíos» en redes sociales. El nombre del sospechoso no fue divulgado públicamente.
El episodio ocurrió en un vuelo de Dubai a Tel Aviv. Había 174 pasajeros a bordo, incluyendo al menos 20 niños. El piloto indio fue apuñalado, y varios pasajeros entraron en acción para detener al secuestrador.
Yaniv Hayun dijo que lograron abrir la puerta del cockpit, aunque el acceso fue difícil porque el piloto ya estaba herido y del otro lado de la puerta. Otro pasajero señaló que inmovilizaron al atacante usando cordones de audífonos. Netanyahu elogió a Hayun y a los demás pasajeros por frenar lo que describió como un ataque estilo 11 de septiembre.
Israel Katz, ministro de Defensa, también calificó el hecho como un «intento de ataque terrorista yihadista» que fue frustrado por la valentía de varios pasajeros israelíes. El sospechoso fue trasladado a Emiratos Árabes Unidos para ser interrogado.
Lo que queda en evidencia es brutal: no fue un simple incidente aéreo, sino una amenaza directa contra civiles, familia tras familia, que pudo terminar en tragedia. Cuando un avión con 174 personas a bordo queda expuesto a un atacante que, según Israel, quería estrellarlo, la prioridad deja de ser el relato blando y vuelve a ser el orden.
Que no te lo cuenten: la seguridad no es un eslogan, es la diferencia entre volver a casa o convertirse en estadística. Y otra vez, la respuesta vino de ciudadanos comunes que actuaron antes que la burocracia pudiera reaccionar.



