Las banderas de Estados Unidos y Venezuela amanecieron izadas a media asta en la Plaza Washington de Caracas, ubicada en la urbanización El Paraíso, al oeste de la capital. Las fotografías circularon en X y muestran ambos pabellones en el histórico espacio público, en el marco del Duelo Nacional decretado por el Gobierno de Nicolás Maduro.
Lo llamativo no es solo el gesto simbólico. Es el silencio que lo rodea.
Según las imágenes difundidas, las banderas permanecen en el lugar pese a que la plaza atraviesa actualmente un proceso de remodelación. La estatua de George Washington lleva allí desde 1921, un detalle de historia que el chavismo nunca logró borrar del mapa urbano caraqueño, aunque lo haya intentado de otras formas.
Hasta el momento de publicar esta nota, ni las autoridades locales ni la representación diplomática estadounidense se han pronunciado oficialmente sobre el izado de los pabellones. Ningún funcionario ha salido a explicar quién dio la orden, bajo qué protocolo ni con qué propósito.
Ese vacío informativo es, en sí mismo, un dato.
Venezuela y Estados Unidos no tienen relaciones diplomáticas plenas. El régimen de Maduro ha expulsado representantes, congelado activos y convertido la retórica antiyanqui en combustible político durante más de dos décadas. Ver ambas banderas juntas, en un espacio que lleva el nombre del primer presidente estadounidense, en medio de un duelo oficial, es una imagen que merece, como mínimo, una explicación pública.
Que no llegue dice mucho sobre cómo opera el poder en Caracas: con gestos calculados o improvisados, pero siempre sin rendición de cuentas.
Desde Contrafuego lo leemos así: si hay un acercamiento en curso, los venezolanos —y los estadounidenses— merecen saberlo con transparencia, no a través de fotografías filtradas en redes sociales. La diplomacia opaca es una herramienta del autoritarismo, no de los gobiernos que responden ante sus ciudadanos. Que no te lo cuenten a cuentagotas.



