El banco más poderoso del planeta acaba de votar con su chequera.
JPMorgan Chase designó al Bay Area como su centro corporativo número 24 y anunció el lunes una nueva ronda de inversiones en la región, según informó el New York Post. El CEO Jamie Dimon habló desde el Chase Center de San Francisco —cuyo nombre el banco financia— y fue directo: la ciudad «definitivamente cambió».
Dimon elogió al alcalde Daniel Lurie, señalando que está «haciendo todo bien» mientras la criminalidad baja y la ciudad avanza en planes para permitir más construcción de vivienda. Una comparación que no es menor: San Francisco fue durante años el símbolo del fracaso progresista urbano, con calles tomadas por el crimen, comercios clausurados y empresas huyendo.
Los números respaldan el movimiento. JPMorgan invirtió $200 millones para financiar un desarrollo habitacional de 342 unidades frente al agua, a menos de una milla del Chase Center, de acuerdo con el San Francisco Chronicle. Además, el banco anunció un compromiso de $750 mil millones hasta 2035 para ampliar la oferta de vivienda en Estados Unidos, incluyendo financiamiento para 1 millón de unidades de vivienda asequible.
Dimon no esquivó los problemas reales: reconoció que la ciudad sigue batallando con costos de vivienda disparados y con la retención de trabajadores esenciales —enfermeras, maestros— en medio de una desigualdad que se ensancha. Su diagnóstico, sin embargo, apunta directo a la causa: «Si hubiera oferta adecuada que pudiera desplegarse rápidamente, no tendrías ese problema».
Mercado libre, no subsidio estatal. Oferta, no control de precios.
El banco emplea casi 5,000 personas en el Bay Area y atiende a roughly 3 millones de clientes en la región. Desde 2019 ha destinado más de $72 millones en apoyo filantrópico. Noah Wintroub, presidente global del banco, encabeza la operación local, y la firma planea asignar personal adicional para coordinar la región.
Mientras tanto, Wells Fargo —rival directo— ha seguido reduciendo espacio de oficinas y plantilla desde la pandemia. El contraste habla solo.
Dimon también descartó que la inteligencia artificial sea una burbuja especulativa, afirmando que «hará maravillas» y salvará vidas, y predijo que la tecnología eventualmente ayudará a curar el cáncer.
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Que no te lo cuenten: lo que el aparato estatal californiano no logró en una década de regulaciones, impuestos y programas de vivienda social, lo está intentando resolver el capital privado con una chequera de tres cuartos de billón de dólares. El mensaje de Dimon no es solo sobre San Francisco; es sobre qué funciona y qué no. Cuando el dinero serio entra, el relato del «fracaso inevitable del mercado» se cae solo. La pregunta es si los políticos aprenderán la lección correcta —quitar trabas a la construcción— o intentarán capturar el crédito sin soltar el control.



