Un juez de San Francisco está en el centro de la polémica por insistir en usar en corte el insulto racial que ofende a la comunidad negra.
Harry Dorfman, juez de la Superior Court de San Francisco nombrado por el demócrata Jerry Brown en 2013, fue acusado de usar repetidamente el término en audiencias, lo que provocó rechazo entre defensores públicos negros.
Phoenix Streets, defensor público adjunto, dijo al San Francisco Chronicle que el episodio lo devolvió a su infancia en Beebe, Arkansas, cuando hombres blancos en camionetas con rifles pasaban frente a su casa gritando insultos raciales y consignas racistas. Streets añadió otro recuerdo de la misma carga humillante: el padre de un amigo blanco diciéndole, «Eres bastante inteligente para ser un n––. Debes de tener algo de blanco en ti».
Según la información publicada, en un caso el año pasado Dorfman citó a un hombre que había pronunciado el insulto sin abreviarlo. Cuando un abogado defensor mencionó el término en otro caso, el juez le pidió que dijera la palabra completa.
Uno de los defensores públicos le pidió a la corte que dejara de usar esa expresión. Dorfman respondió: «No, no, no… Estos son los hechos del caso. Si es la prueba del caso, no le está lanzando insultos ni ofendiendo a nadie».
En 2022, Mano Raju presentó una queja contra el juez por usar el insulto «en su totalidad en audiencia pública». La queja sostuvo que Dorfman no mostró «conciencia del trauma que su pronunciación provoca y sin considerar alternativas que pudieran asegurar un registro suficiente».
No se tomó ninguna medida contra el juez. La Superior Court de la ciudad también se negó a actuar cuando la oficina de Raju pidió intervención.
Después, Dorfman declaró a Raju en desacato y le impuso una multa de 26,000 dólares en marzo por negarse a asumir más casos. El juez le aplicó 1,000 dólares por cada una de las 26 personas que declinó representar. Unas semanas después, la First District Court of Appeal bloqueó la ejecución de esa multa.
Otra vez la doble vara. El sistema judicial exige obediencia estricta a los abogados, pero cuando la queja apunta al juez, la respuesta es la inacción. Eso no fortalece la justicia: la desgasta.
Y hay algo más grave: en nombre de la «precisión» procesal, un magistrado termina imponiendo sobre la sala una palabra que para muchos no es un simple término, sino una herida histórica. La autoridad judicial no debería confundirse con licencia para humillar. Que no te lo cuenten.



