El juez Todd Eddins, del Tribunal Supremo de Hawaii, no se conformó con resolver un caso de 1990 sobre evidencia forense desacreditada. Aprovechó 8 de las 91 páginas de su opinión mayoritaria en State v. Granillo para lanzar un ataque frontal contra el Tribunal Supremo federal y anunciar, sin rodeos, que Hawaii no seguirá la jurisprudencia del tribunal que encabeza el juez John Roberts.
«Cuando seis jueces abandonan a quienes deben proteger, las constituciones estatales sostienen la línea», escribió Eddins. «Eso no es desafío. Es el diseño.» La referencia a «seis jueces» apunta directamente a la mayoría conservadora del tribunal federal.
El caso de fondo es legítimo: la corte ordenó un nuevo juicio para un hombre condenado en 1990 por secuestro y agresión sexual en Maui, después de concluir que la evidencia de cabello y fibra presentada por un experto del FBI se basó en ciencia forense que ha sido desacreditada desde entonces. Hasta ahí, un fallo técnico razonable.
Pero Eddins fue mucho más lejos. Argumentó que la Constitución de Hawaii ofrece protecciones más amplias que la federal —tal como hoy la interpreta la Corte Roberts— y acusó al tribunal federal de haber abandonado los principios de derechos civiles establecidos en Brown v. Board of Education (1954). Para rematar la comparación, invocó Dred Scott v. Sandford (1857), el fallo que negó la ciudadanía a los afroamericanos, y Plessy v. Ferguson (1896), que avaló la segregación racial, sugiriendo que el originalismo conservador actual opera con la misma lógica que aquellas decisiones.
«El tribunal que hoy define el debido proceso federal no honra el trabajo de 1954», escribió Eddins. «Revive el trabajo de 1857. El trabajo de 1896.»
Es una acusación de enorme gravedad, lanzada desde la comodidad de un fallo estatal que no puede ser rebatido directamente por el tribunal al que ataca.
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Que no te lo cuenten. Lo que acaba de ocurrir en Hawaii no es jurisprudencia progresista: es un magistrado usando la toga para hacer política, comparando a los jueces constitucionalistas actuales con los autores de la esclavitud jurídica. El ángulo editorial importa: cuando un juez estatal anuncia que su estado ignorará al tribunal federal supremo, no está «protegiendo derechos», está fracturando el orden jurídico nacional. Eso tiene un nombre: nullification, la misma doctrina que los estados sureños invocaron antes de la Guerra Civil para ignorar las leyes federales que no les convenían. La ironía es tan densa que se puede cortar. El relato se cayó solo.



