Un juez federal bloqueó este lunes dos disposiciones clave de una ley del estado de Nueva York. La norma pretendía prohibir a los agentes federales de inmigración usar máscaras durante sus operaciones. También los obligaba a portar identificación visible en todo momento.
La jueza Mae D'Agostino, del Distrito Norte de Nueva York, emitió una orden de interdicción preliminar. Con ella impide que el estado aplique esas dos disposiciones mientras avanza el litigio.
En su fallo, D'Agostino determinó que las disposiciones impugnadas son probablemente inconstitucionales. Su argumento es directo: interfieren con las operaciones de la ley federal. Eso incluye las del ICE, el FBI, la DEA y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.
La jueza fue clara. Solo el gobierno federal tiene autoridad para establecer políticas que rijan sus propias operaciones de seguridad. Nueva York no puede imponer sus requisitos de uniforme a agentes federales. El fallo lo dice sin rodeos: «Nueva York no puede imponer sus propios requisitos de uniforme a los agentes federales simplemente porque no está de acuerdo con cómo el Gobierno Federal ejerce su autoridad».
La gobernadora Kathy Hochul y la fiscal general Letitia James criticaron la decisión. Dijeron que estudian opciones legales adicionales. En un comunicado conjunto sostuvieron que «los agentes enmascarados no hacen a Nueva York más segura».
Sin embargo, D'Agostino no bloqueó una tercera disposición de la ley. Esa parte prohíbe a las agencias locales de Nueva York participar en ciertas funciones de control migratorio federal bajo los acuerdos 287(g). La jueza señaló que esa cooperación es voluntaria según la ley federal. La negativa del estado a cooperar, dijo, no equivale a discriminar contra el gobierno federal.
Que no te lo cuenten. Lo que Albany intentó no era una política de transparencia. Era una operación de obstrucción. Prohibir las máscaras a agentes del ICE en operativos activos es exponerlos. Es poner en riesgo la seguridad de quienes aplican la ley federal en un estado que lleva años construyendo muros contra la autoridad de Washington.
El aparato estatal de Nueva York perdió esta batalla. Hochul y James seguirán litigando. Pero el principio que el tribunal reafirmó es sólido: un estado no puede rediseñar la cadena de mando federal desde Albany. La soberanía tiene una dirección. Y los contribuyentes de todo el país merecen que los agentes federales puedan trabajar sin que un gobernador decida qué cara mostrar.



