El gobierno del presidente José Antonio Kast no mueve un dedo por Michelle Bachelet en Washington. Su canciller, Francisco Pérez Mackenna, visitó Estados Unidos esta semana y se reunió con el secretario de Estado Marco Rubio en dependencias del Departamento de Estado, el lunes a las 10.30 horas. El encuentro giró en torno a las relaciones estratégicas con la administración Trump.
Cuando Canal 13 le preguntó si la candidatura de Bachelet a la Secretaría General de la ONU había aparecido en la agenda, la respuesta fue lapidaria: «No ha sido tema. Es un tema que nosotros cerramos hace mucho tiempo y no ha sido tema para nosotros, ni con Estados Unidos ni con los otros países».
La postura oficial es nítida: el gobierno de Kast retiró el respaldo que había comprometido el expresidente Gabriel Boric, quien en septiembre de 2025 anunció la candidatura de la exmandataria. Hoy son Brasil y México quienes sostienen esa postulación. Pérez Mackenna fue explícito sobre los límites: «Nosotros lo que dijimos es que no íbamos a participar en la campaña, pero tampoco vamos a hacer campaña por otra candidata. Y si gana la vamos a felicitar y trabajar con ella».
El panorama en el Consejo de Seguridad no luce sencillo para Bachelet. Cinco de sus miembros tienen poder de veto: Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido y Rusia. Según la fuente, Washington aún no ha concretado una reunión con la exmandataria —su entorno lo atribuye a motivos de agenda— y tampoco se ha reunido con el resto de los candidatos. Las señales desde la administración Trump, sin embargo, no son alentadoras: según la fuente, el embajador de la Casa Blanca en la ONU, Michael Waltz, manifestó que compartía las preocupaciones del congresista republicano Pete Ricketts sobre las aptitudes de Bachelet. Ante ese escenario, la propia expresidenta anticipó que un eventual veto por sus ideas la haría sentirse «honrada».
En la carrera también figuran Rafael Grossi (Argentina), Rebeca Grynspan (Costa Rica), María Fernanda Espinosa (Ecuador), Macky Sall (expresidente de Senegal) y Carolyn Rodrigues-Birkett (Guyana).
Que no te lo cuenten. El gobierno de Boric lanzó la candidatura de Bachelet como un gesto de política exterior progresista; el gobierno de Kast la dejó caer sin drama ni explicaciones ideológicas. Eso se llama coherencia, no crueldad. La ONU es un aparato burocrático con presupuesto descomunal y rendición de cuentas mínima, y colocar en su cúspide a una figura con historial de afinidades con gobiernos autoritarios no es un asunto menor. Washington parece tenerlo claro. Santiago, con Kast, también.



