Los directivos de la inteligencia artificial están lanzando advertencias cada vez más dramáticas. Dicen que la IA puede salirse de control, alcanzar una inteligencia general artificial y hasta destruir a la humanidad.
La discusión volvió a explotar la última semana, cuando Jacob Coxon, exinvestigador en Anthropic y OpenAI, advirtió en línea que mucha gente cree que la IA mataría a todos. Luego repitió esa idea en la BBC y dijo que existe «una fuerte posibilidad» de que todos muramos en el futuro inmediato.
El problema es que Coxon no explicó con detalle cómo se pasa de «la IA nos supera» a «todos morimos». Y sin ese puente, la alarma suena más como relato que como evidencia.
Nvidia, por su parte, reaccionó con dureza. Jensen Huang calificó de extravagantes, profundamente falsas y arrogantes las declaraciones de Coxon. Elon Musk lo llamó «sus».
El texto también recuerda algo clave: Coxon estuvo alineado políticamente con la izquierda. Trabajó para Newspeak en 2021, una ONG británica de izquierda dedicada a proyectos de «democracia tecnológica», «transformación colectiva», abolición de la prisión, prevención comunitaria del daño y «extinction rebellion». Además, solo trabajó seis semanas en Anthropic.
La pieza plantea la pregunta incómoda: ¿estos fundadores realmente quieren que el gobierno intervenga para proteger al público, o están amplificando el miedo para lograr captura regulatoria y ganar más dinero?
Y la sospecha no sale de la nada. El propio texto explica que compañías como Nvidia, AMD, OpenAI, Anthropic, Meta y Google tienen incentivos distintos según el modelo. Las empresas de hardware necesitan que la IA siga creciendo rápido. Si hay una pausa, Nvidia queda en serios problemas. Las empresas de software, en cambio, compiten entre modelos cerrados y abiertos.
Los modelos cerrados, como Claude o ChatGPT, descansan en una lógica de pago por uso. Los abiertos o de «pesos abiertos» permiten que otros trabajen sobre la base publicada. Eso cambia todo en la competencia. También cambia todo en el poder de mercado.
Por eso la doble vara es evidente. Cuando un sector pide más burocracia en nombre del miedo, el contribuyente debería preguntarse quién gana con el freno. A veces no es la sociedad. A veces son los mismos gigantes que quieren congelar la carrera cuando ya van adelante.
Que no te lo cuenten. La discusión sobre la IA no es solo sobre seguridad. Es también sobre quién escribe las reglas, quién protege su monopolio y quién paga el costo de esa regulación. El relato se cae solo cuando el pánico coincide demasiado bien con los intereses de los más grandes.


