Más de 3,000 socialistas se reunieron durante cuatro días en el Hyatt Regency McCormick Place, en Chicago, para la conferencia Socialism 2026, organizada por Haymarket Books. Entre los participantes estuvieron Angela Davis, Sophie Lewis y Hasan Piker.
La cita dejó una lista larga de consignas radicales. En paneles y sesiones se habló de abolir no solo el mercado y la propiedad privada, sino también la policía, las prisiones, la seguridad fronteriza, el género, la familia y el Estado. En el recinto se vendían libros con títulos como «Towards a Gay Communism: Elements of a Homosexual Critique», «In Defense of Looting: A Riotous History of Uncivil Action», «The Case for Open Borders», «Treason to Whiteness is Loyalty to Humanity» y «Surviving the Future: Abolitionist Queer Strategies».
City Journal señaló que algunos de los momentos más polémicos fueron un panel de «Health Fascism» que describió a los GLP-1 como «fat genocide» y como algo «dysgenic», además de la entrega a Piker de una gorra con el lema «Satan’s School of Gay Communism». También acudieron Bill Ayers y Bernardine Dohrn, y profesores de Columbia, CUNY, NYU y la Universidad de Illinois, Chicago, promovieron activismo radical.
Según el reporte de la conferencia, se exigió a los asistentes usar mascarillas en todo momento, salvo cuando hablaban los ponentes. Algunas sesiones estuvieron abarrotadas, calurosas y sudorosas. El personal no permitió que los «comrades» se sentaran en el piso de los pasillos por seguridad.
En una sesión titulada «Femme-inism Against Cisness: Bread, Roses, and Hormones, Too», Sophie Lewis defendió que no existe un sistema sexo-género «natural». Dijo que la división entre «men and women» es «a product of culture». También criticó la «capitalist kinship» y la «private, nuclear household» por perpetuar un régimen de maternidad «cis-sexist» que niega que «all children might be the responsibility of all of us».
En otra sesión, Emily Likins-Ehlers dijo que los «fascists» quieren que haya muchos bebés para convertirlos en trabajadores de almacén y soldados sacrificados al «golden calf of capitalism». También se ofrecieron consejos sobre hierbas y otras plantas como anticonceptivos alternativos si hubiera una restricción al control de natalidad.
El cierre fue todavía más explícito. Alanah Armstead y Marin Hart atacaron a la familia nuclear tradicional como un «oppressive container» que «privatizes care, dependency, and resources». Propusieron «collectivizing care» y un regreso a formas pre-capitalistas e indígenas de cuidado.
La lectura es clara. Cuando una izquierda militante habla de «liberación», casi siempre apunta contra el individuo, la familia y la libre empresa. Esa es la vieja receta de la burocracia ideológica: concentrar poder en nombre del bien común y después llamar progreso a la intromisión total.
Que no te lo cuenten. El relato se cayó solo. Mientras la gente normal paga cuentas, trabaja y sostiene su hogar, estos foros celebran la demolición de los pilares que hacen posible la vida libre. Cuando el blanco es la propiedad, la familia y el mercado, el costo no lo paga la élite activista. Lo pagan los contribuyentes, las familias y cualquiera que todavía crea en el mérito.



