La Casa Blanca le cerró el paso a Microsoft y a otras siete empresas tecnológicas en un frente delicado: el uso de visas H1B y del proceso PERM para contratar trabajadores extranjeros cualificados.
JD Vance fue directo. Acusó a Microsoft de cometer fraude mediante el programa H1B y dijo que la empresa ha estado reemplazando de facto a trabajadores estadounidenses con «trabajadores extranjeros en régimen de servidumbre». También lanzó señalamientos contra Adobe, Cognizant, Infosys, Tata, Wipro, HCL y Capgemini.
El secretario de Trabajo, Keith Sonderling, dijo que el gobierno no tramitará ninguna solicitud nueva o pendiente del PERM de Microsoft ni de esas otras siete empresas. Además, afirmó que compañías como Microsoft y las universidades estadounidenses se han convertido en «fábricas de visados» que están «inundando» Estados Unidos con trabajadores extranjeros.
Microsoft respondió que la gran mayoría de sus empleados en EE.UU. son estadounidenses. La compañía también dijo que, durante el último año fiscal, el 80% de las solicitudes H1B que presentó estaban relacionadas con empleados que ya trabajaban allí, no con nuevas contrataciones. Añadió que a los trabajadores internacionales que contrata por ese programa se les paga el mismo nivel de remuneración que recibiría un trabajador estadounidense.
Vance, sin embargo, sostuvo que Microsoft despidió a unos 6.000 trabajadores y presentó 6.800 solicitudes de visa H1B durante el mismo período. Con eso, afirmó, la empresa estaba usando trabajadores extranjeros para reemplazar a los locales y reducir salarios. Según Ellis, una empresa que ayuda a tecnológicas en el proceso de contratación de trabajadores cualificados extranjeros, el salario promedio de un trabajador con visado H1B en Microsoft es de US$155.000.
El programa H1B tiene un tope de 85.000 visas por año. Durante décadas ha estado orientado a trabajadores altamente cualificados o especializados que una empresa necesita, pero que no puede encontrar o contratar a nivel nacional. El PERM es la vía para que esos trabajadores busquen la residencia permanente en Estados Unidos.
El contraste político también fue evidente. Satya Nadella estuvo el jueves en la Casa Blanca para recibir una medalla a la innovación tecnológica de manos de Donald Trump. Pero Microsoft terminó como el blanco principal de Vance.
La señal es clara. Washington está golpeando el corazón de una maquinaria que mezcla empresa, inmigración y burocracia. Y cuando el Estado decide quién entra, quién se queda y quién queda fuera, la discusión deja de ser técnica. Se vuelve una pelea por poder, salarios y reglas del juego.
Otra vez la doble vara. Las tecnológicas piden talento global cuando les conviene, pero el costo lo absorben los trabajadores, el mercado laboral y, al final, la credibilidad del sistema. Si la Casa Blanca quiere ordenar este esquema, la pregunta de fondo no es cuántas visas concede. Es quién protege al trabajador estadounidense y quién termina favoreciendo una red de intereses bien conectada.


